viernes, 17 de febrero de 2012

Reflexiones en torno a una crisis


Reflexiones en torno a una crisis
Manuel Ossa B

Estamos viviendo una etapa complicada, por decir lo menos, del neoliberalismo. Si todavía no en Chile, así se la siente en Europa.
En Chile no todos la sienten igual. El subsecretario de Hacienda no duda en publicar en carta a El Mercurio (4/02/2012) su discrepancia radical frente a opiniones negativas respecto a nuestra situación como país vertidas por un apreciado y bien informado entrevistador de TV. En efecto, él como otros pueden darse por satisfechos con datos "macro", como el "espectacular" crecimiento del 6,2% de la economía del año pasado y la baja cifra de cesantía o paro que han mostrado las recientes encuestas. Para algunos eso es lo único que cuenta. Y que los que tienen mucha plata, ¡pues que la gasten en los artículos suntuarios de que quieran rodearse! No cuentan los mapuche de Arauco, ni los daños ambientales en el valle del Huasco, o los de la zoonosis de las acuiculturas de Ancud, ni la falta de agua en Copiapó, ni los peligros que amenazan a las poblaciones cuesta abajo de Pelambres, ni los niños y niñas recogidos por el Sename, cuyo destino futuro será lamentablemente la droga y la delincuencia recurrente, ni la población cada vez más adocenada que pasea cada domingo por los malls su sobrepeso, su aburrimiento y su angustia de deudas impagas o impagables.
En Europa, la crisis mundial  tiene sin aliento a los líderes europeos. Si el marxismo fracasó en el siglo pasado, el neoliberalismo, última versión del capitalismo, está al parecer a punto de caerse en pedazos en estos años que vienen, si no en los próximos meses. En todo caso, ya está dando muestras de poner en tela de juicio principios fundamentales de su propia institucionalidad, como el de la libertad de los mercados y la soberanía de los pueblos. Así se lo vio estos días cuando a Philipp Rösler, ministro alemán de economía, se le ocurrió proponer a debate europeo la exigencia de someter a Grecia a un comisario externo en el manejo de sus finanzas públicas...[1] Que la ocurrencia haya sido rechazada o diferida, muestra que al parecer no todo está perdido. Pero ya la sola propuesta es una nueva señal de alarma, no solo para el liberalismo, sino para lo que va quedando de democracia en el occidente europeo.
En este contexto, la "bonanza" chilena aparece como la máscara todavía sonriente que oculta el rostro de la tragedia que se vive en la trastienda invisibilizada de este país: el campo, las poblaciones, las etnias desposeídas. La crisis europea devela, en cambio, el rostro ya profundamente angustiado de quienes sienten la amenaza que un día podrá reventar en nuestras playas como un tsunami social y político.
¿De dónde viene la crisis? Si sus causas actúan también sobre nosotros y nos vienen determinando culturalmente, ¿es posible hacer algo contra ellas, prevenir antes que curar?
Dos ideologías fracasadas - Comentario y reflexión a partir de un libro reciente.
El siglo XX vio derrumbarse el muro de Berlín, símbolo urbano de una ideología mal llamada marxista. Digo: mal llamada, porque a mi juicio malentendió y sobre todo aplicó mal la crítica y la utopía de Marx. El siglo XXI está viendo cómo se derrumban, de manera tal vez algo más inmaterial, los símbolos de otra ideología, el capitalismo.
¿De dónde vienen estas dos ideologías en crisis y qué tienen en común?
Comparto la opinión del filósofo y publicista español, Vicente Serrano, en su libro recientemente publicado, La herida de Spinoza. Felicidad y política en la vida posmoderna, [2]  según la cual esas dos ideologías, cuyas tensiones llevaron al mundo al borde de una guerra atómica mundial, tienen una raíz común: a saber, la concepción, hoy ya universalmente compartida, según la cual el poder tecnológico, económico y político tiene carácter ilimitado y está al servicio del deseo, codicia o ambición igualmente ilimitado del ser humano[3]. Hay una falta de conciencia de límite tanto del deseo como del poder que se pone por obra para obtener su cumplimiento. Ambas ideologías han privilegiado uno solo de los "afectos" humanos, el del deseo de poder, descuidando los de la "concordia, generados por la justicia, la equidad, y la honestidad"[4], el amor, la convivialidad, y en general los que hacen a la poética de la vida, que sería su meollo mismo. [5] 
Fue esa falta de límites la que llevó al régimen stalinista, por ejemplo, a la creación de los gulags dados a conocer tan aterradoramente por Solzhenitsin. Es también esa falta de límites la que lleva hoy a empresas y gobiernos a no parar mientes en la destrucción irrecuperable del medio ambiente, cuando se trata de hacer crecer, en cifras macroeconómicas, las economías nacionales, pero ello sobre la base del crecimiento ilimitado de algunas pocas riquezas privadas. Y la que impulsa a "piadosos" empresarios a "repactar" unilateralmente las deudas de miles de sus clientes pobres o casi pobres, para seguir engrosando sus propias ganancias indefinidamente a costa de la ruina de aquellos miles. La misma que colude a farmacias, laboratorios y también médicos para enriquecerse ellos mismos indefinidamente a costa de la salud de millones.  Y la que lleva a los cárteles de la droga a las guerras y exterminios que diezman poblaciones enteras en Colombia y México. La lista puede alargarse.
La diferencia entre ambos sistemas o ideologías - agrego por mi parte - no está en la ilimitación del deseo, sino en la asignación de un sujeto a ese deseo: para los unos, se trata de los dueños del capital; para otros, es la clase trabajadora. Esta concepción de poder sin límites es la que ha llevado a la lucha de unos con otros a la que Hobbes y Rousseau intentaron poner remedio con el "contrato social", contrato que ha sido adoptado en todos o casi todos los niveles de las relaciones sociales, pero cuya inequidad - al menos en su particularidad de "laboral" - fuera explicada y denunciada por Marx.
Profundizando algo más en lo que ambas ideologías o sistemas tienen en común, se puede decir, con Serrano, que hay un momento en la historia de Occidente en que se toma una orientación y una opción básica: la de segmentar o separar espíritu y materia, alma y cuerpo, pensamiento teórico y práctica material. Dado que el pensamiento teórico se abre a una infinitud de posibilidades, se pensó que esta misma infinitud estaba abierta para el deseo. Así, en virtud de esta primera ilusión, se configuró una segunda: la de pensar que la materia y la naturaleza contenían en sí la misma infinitud de posibilidades que el pensamiento. Pues, ¡manos a la obra! se dijo el Occidente: utilicemos al pensamiento matemático para calcular todo en la naturaleza y transformarlo a la medida de nuestro deseo. La tercera ilusión se hacía presente: la de que el deseo podía ampliar indefinidamente el universo de sus objetos. Así, a la zaga del deseo, el Occidente se lanza a conquistar y configurar un universo sin límites, proyectando sobre las cosas, sobre la materia, sobre la técnica y la ciencia, sobre la economía y las finanzas, sobre el crecimiento futuro, la misma infinitud de posibilidades que cree haber encontrado en el pensamiento. Esta orientación, que ha sido también una opción práctica, ha ido convirtiendo al deseo en un apetito literalmente insaciable, - rayano en la avidez y la codicia, a cuyo servicio se pone todo el poder que es capaz de desplegar el ser humano. Es el dinamismo imparable de la técnica, impulsada por el igualmente irrefrenable afán del lucro o la "maximización de la ganancia". Así en la cultura contemporánea la persuasión de que el crecimiento debe ser sin límites se ha vuelto una verdad incontrovertible.
En busca de reorientarnos - cambio de mirada o revolución de paradigma
¿Es posible y pensable reorientarnos y, con nosotros, desde nosotros, ir reorientando la cultura?
Serrano apunta a que nuestra manera occidental teórica de comprender el mundo y de apoderarse de él en todos los dominios de la vida no hace sino prolongar y llevar a sus últimas consecuencias la visión de Descartes  (1596-1650) que separa como dos sustancias el pensamiento y la extensión, prolongando el dualismo platónico de idea y materia, o el aristotélico-tomista de cuerpo y espíritu.
La orientación y la opción hubieran podido ser otras, si en vez de alucinarse con Descartes, el pensamiento occidental hubiera atendido a los comentarios y críticas que otro filósofo del mismo siglo, el judío holandés Baruch Spinoza (1632-1677) le hiciera a Descartes. Ambos usaban aparentemente los mismos términos, por ejemplo, "pensamiento", "extensión", "Dios", pero  diferían en las maneras de definir los objetos que tales conceptos designan, porque en realidad sus maneras de ver el mundo eran radicalmente opuestas.
En los orígenes de nuestra modernidad, Spinoza y Descartes conocían los descubrimientos deslumbrantes que iban poniendo en nuestras manos de hombres y mujeres el manejo de nuestras vidas. Ambos fueron testigos y actores de la apertura inicial de espacios y tiempos infinitos que tarde o temprano destronarían a Dios de una infinitud por siglos a él solo atribuida. Ambos participaban en el movimiento liberador de la Ilustración que se expresaría en el manifiesto y la constatación kantianos de la "llegada del ser humano a su edad adulta", cuando éste comienza a pensar y decidir por y ante sí, sin recurrir a autoridades, como lo haría la plebe en La Bastilla. Ambos fueron iniciadores de un sendero que más adelante llevaría a cambiar radicalmente de paradigma. Ambos tuvieron que habérselas con el nuevo poder que, cual aprendiz de brujo, el ser humano iba recibiendo y adquiriendo, ávido y atónito, entre sus manos.
Al poder como capacidad y esfuerzo, Spinoza los llamó en latín conatus,  término que no significa el solo intento de actuar comprendido en el vocablo castellano de conato, sino más bien el "esfuerzo" o "empeño" que se pone con miras a sacar algo adelante. También lo llamó potentia en el sentido de capacidad o poder de ser.[6] A ambos, - esfuerzo y capacidad - los puso en relación con el deseo. Fundamentalmente, se trataba para él del esfuerzo con que se activa el poder de nuestro propio ser para existir y mantenerse en la existencia. Un poder, pues, que para Spinoza tenía una finalidad: la de que el ser humano llegara a gozar de aquella parte de felicidad a que todos aspiramos como sociedad y a la vez, indivisiblemente, como individuos.
Solo de una parte de felicidad, es decir, de una felicidad con límites, subraya Serrano, porque para Spinoza, - y aquí yace la diferencia con Descartes - la felicidad posible era participación en la de una totalidad: la naturaleza, - es decir, Dios según Spinoza-, que era la que otorgaba a cada una de sus partes - los seres inorgánicos, los seres vivos, los humanos - el poder necesario y suficiente para mantenerse en la existencia y desarrollarse en ella según sus propias leyes naturales. En el caso del ser humano, estas leyes naturales se incrementaban con el don de la razón, gracias a la cual el ser humano, como parte de la naturaleza, adquiría el poder de encontrar aquellas leyes naturales que permitieran la coexistencia, el mantenimiento y la reproducción de las otras partes del mismo todo, los otros seres humanos y la naturaleza en su conjunto.  Dichas leyes, conocidas y consensuadas contractualmente, según la idea del inglés contemporáneo, Thomas Hobbes (1588-1679), imponen límites al deseo humano, cuando éste se convierte en la avidez que amenaza potencialmente a otras partes del todo.  Pero estas leyes consensuadas, igual que las naturales, están inscritas en la misma naturaleza de las cosas o de la razón, e imponen limitaciones desde adentro y no desde afuera de la común existencia compartida, dentro del gran ser infinito que somos todos y al que todos contribuimos desde nuestra propia finitud al aceptarla entera.
Esta visión y aceptación de los límites naturales de un poder que está al servicio del deseo de existir, vivir y ser feliz en comunidad, habría sido capaz, tal vez, de inspirar otro modelo de sociedad, distinto de aquél en el que los seres humanos seguimos siendo "lobos", como lo describía Hobbes, los unos contra los otros, en una destructiva reciprocidad. [7]
La propuesta de un Dios inmanente
Para aceptar este y otros límites naturales del poder humano, Spinoza partía de otro supuesto, más holístico diríamos hoy, que Descartes. Por mucho que utilizara las mismas palabras, como "sustancia", para hablar de Dios y de la materia, sin embargo no las entendía de la misma manera: para él no eran entidades subsistentes en ámbitos lejanos y separados, sino congruencias o coincidencias en el seno - o en la inmanencia - de una totalidad. "En la naturaleza no hay sino una sustancia, esto es Dios"[8]. "Pensamiento" y "extensión" pasaban a ser para él dos de los infinitos "atributos" de la única sustancia divina, todos los cuales son expresiones de su esencia.[9] El atributo del pensamiento acontece en los seres humanos, mientras que el segundo, la extensión, lo compartimos con la naturaleza entera. Deus sive natura: hablar de la naturaleza, de la que como humanos somos parte, es hablar de una totalidad que bien puede llamarse Dios. [10]
Al aceptarse como parte de un todo, Spinoza se sabe limitado en sí, entre otras por la muerte. Esa  limitación última y todas las demás pertenecen a ley más intrínseca, aquélla que a cada cual le permite realizarse como lo que es: parte de un todo. No se le imponen, pues, al individuo como viniendo desde afuera, no son  heterónomas. Ese todo que es Dios se realiza como infinito en la finitud misma de sus atributos parciales.
Esta manera de pensar a Dios como inmanente a la naturaleza es bastante afín con el pensamiento de nuestros pueblos Amerindios[11]. Una visión semejante se ha hecho presente o ha emergido ocasionalmente en pensadores occidentales que han tenido la genialidad y la audacia de pensar fuera de los moldes, como Pierre Teilhard de Chardin. Pero es radicalmente opuesta a la tradición cultural dominante en América Latina donde está sin embargo renaciendo bajo diversas formas de panenteísmo - visiones de un universo que está todo en Dios o es habitado y dinamizado desde su propio interior por un Dios que le pertenece al mismo tiempo que lo engloba.
Cabe preguntarse por qué la inmanencia  de Dios en el mundo, el panteísmo de Spinoza, y de otros, - pues se lo ha sospechado del mismo Teilhard,- ha sido tan atacado desde la filosofía y la teología europea. El panteísmo es una visión más radical que la recién mencionada del panenteísmo, pues presiente no solo que todo está en Dios, sino mucho más: que todo es Dios.
A esta visión la ortodoxia religiosa y filosófica le opone la trascendencia de un Dios que está fuera del alcance de cualquier conceptualización humana. Sin embargo, a ese Dios trascendente se le atribuye el carácter tan humano de la personalidad. Es, pues, una persona - o son tres personas según la elucubración filosófica que culminó en los cuatro primeros concilios de las iglesias cristianas. Las circunstancias de tal elucubración, en la época en que el Imperio Romano está a punto de derrumbarse, y las formas que han ido tomando las iglesias en sus relaciones complejas con una gran variedad de  poderes estatales permiten plantearse la pregunta de si la idea de una triple personalidad trascendente no podría ser un manera de proyectar hacia el "cielo" y, por consiguiente de justificar y consolidar  unas jerarquías y hegemonías políticas y económicas existentes. La trascendencia de Dios asegura mejor la intangibilidad de todo aquél que lo represente autoritariamente. Por el contrario, si dios fuera  inmanente, es decir, si todos, y no solo los jerarcas, participáramos a partes iguales en el poder del ser simbolizado en la divinidad, se le daría el pase, de manera quizá peligrosamente anárquica o hermanablemente popular, no lo sabemos, a un sistema democrático participativo, como el que propone también Spinoza en su Tratado teológico-político.[12]
Orientar la vida sobre la base y con la energía del eros
El presentimiento ontológico de Spinoza tiene consecuencias prácticas. Serrano anota que para Spinoza la ética, u orientación a la felicidad, es ya una ontología, esto es, un saber sobre el ser, y recíprocamente la ontología misma no tiene otra razón de ser que inspirar y orientar la vida humana como acción[13]. Es también la función que Spinoza le asigna a la fe el Tratado ya citado que es anterior a su Ética.[14] En la fe no se trata de asentir a doctrinas teóricas sobre Dios, sino de la verdad práctica resumida en la obediencia al mandato interno del amor - la gran energía del eros. Es ésta una forma de definir la fe que no se aviene con la ortodoxia de las iglesias cuya superchería Spinoza supo criticar tan certera como acerbamente. Pero esta definición de una fe laica y autónoma, porque sin jerarquías, permite que los seres humanos, al aceptar que el uso del propio poder está limitado por el deseo del otro, puedan reconocer en el amor a los demás y a la naturaleza la común pertenencia a un Todo Infinito, con lo que el propio poder de ser se dilata hacia un poder en común, en la línea de reflexiones de Hannah Arendt. Así el deseo o eros, al no convertirse en avidez ilimitada, dejaría de utilizar contra otros el poder destructivo de su terrible aliado, la thanatos, y se volvería comunicación y participación de unos con otros por igual en los diversos niveles en que se constituyen grupos o asambleas.
Manuel Ossa B.(*), 6 de enero, 2012


[1] Cf. Süddeutsche Zeitung, 29.01.2012, "Athen verweigert Etat-Kontrolle", www.sueddeutsche.de/politik
[2] Editorial Anagrama, Barcelona, Premio Anagrama de Ensayo 2011. Serrano es actualmente docente en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral.
[3] "...el deseo es en sí mismo una metáfora de la ausencia de límites", escribe Vicente Serrano, o.c., cap, 5, "Biopoder sin ideologías", p. 87.
[4] Baruch de Spinoza, Ethik in geometrischer Weise behandelt in fünf Teilen, 4. "Über die menschliche Unfreiheit oder die Macht der Affekte", Anhang, § 14 und 15, A. 344, 2  ed. electrónica Direct Media, Digitale Bibliothek, Berlin 2003
[5] Ver Edgar Morin, Pensar la complejidad. Crisis y metamorfosis, Universitat de Valencia, 2010, p. 100; ver del mismo, El Método, t. 5, La humanidad de la humanidad. La identidad humana, Cap. 5 "Más allá de la razón y de la locura", p. 153 ss., "El estado poético".
[6] Baruch de Spinoza, Ethica ordine geometrico demonstrata, Pars III, Propositio VII, [ed. latina Internet].
[7] Los argumentos de Serrano en torno a Hobbes, Spinoza y Descartes están en la o.c.,  cap. 3, "El poder de los afectos", particularmente en las pp. 57 y ss.
[8] "Puesto que en la naturaleza no se da sino una sola sustancia, esto es Dios...", "Atqui in natura non nisi una substantia datur nempe Deus..." (Ethica, Pars I, Propositio XXX) Antes, en la proposición XIV, había escrito que "no puede darse ni concebirse ninguna sustancia fuera de Dios": "Praeter deum nulla dari neque concipi potest substantia" (Ethica, Propositio XIV). De esta proposición se sigue una consecuencia o un corolario, es a saber, que "que Dios es lo único, esto es, que en la naturaleza de las cosas no se da sino una sola sustancia y que ésta es absolutamente infinita": "Hinc ... sequitur deum esse unum hoc est in rerum natura non nisi unam substantiam dari eamque absolute infinitam esse" (ibid., Corollarium I).
[9] Ethica, Pars I, Propositio XI.
[10] "Dios es la causa inmanente, pero no una transeúnte, de todas las cosas": "Deus est omnibus rerum causa immanens, non vero transiens", (Ethica, Pars I, Propositio XVIII). Si Descartes admitía, además de la sustancia de Dios, la del pensamiento y la de la extensión, Spinoza se opone a esa separación de tres entes sustanciales, considerando que la extensión y el pensamiento no son sino "atributos" de la única sustancia: "la extensión es atributo de Dios, o sea que Dios es una cosa extensa": "Extensio attributum Dei est, sive Deus est res extensa", como en la proposición anterior había dicho que Dios era cosa pensante  (res cogitans ) - en las antípodas de Descartes (cf.  ibid., Pars secunda, Propositio I y II)
[11] Ver p. ej. Josef Estermann, Filosofía Andina - Sabiduría indígena para un mundo nuevo, La Paz, Bolivia, 2006
[12] "Hay que definir la democracia como la asamblea que tiene el más alto derecho a todo lo que puede", traducción propia de la versión alemana del Tratado Teológico-político, cap. XVI, Theologisch-politische Abhandlung, p. 213, ed. electr. Direct Media, Digitale Bibliothek, Berlin 2003.
[13] "La cuestión acerca de lo que las cosas son resulta inseparable de la de la felicidad", Vicente Serrano, o.c. p. 8.
[14] Es lo que Spinoza define sobre la fe en su Tratado teológico político, Capítulo XIV: la fe "consiste en saber solo aquello sin lo cual desaparece la obediencia hacia Dios, como también en aceptar todo aquello que va incluido en la aceptación de tal obediencia". (p. 193)... "La Escritura no exige proposiciones verdaderas, sino tales que contribuyan a la obediencia, y que así fortalezcan el alma en el amor del prójimo", pues "todo se decide según las obras" del amor. "la honra de Dios y la obediencia que le es debida consiste solamente en la justicia y el amor del prójimo" (p. 193 y 195 de la edición citada en la nota anterior).
(*)Investigador de la Plataforma NEXOS y del Centro Ecuménico Diego de Medellín, docente en la Comunidad Teológica Evangélica.

martes, 14 de febrero de 2012

Colombia - Capitalismo gangsteril y despojo territorial


Renán Vega Cantor * 

Revista Cepa Nº 14, febrero-junio de 2012ialistas para apropiarse de los recursos naturales y energéticos, en consonancia con el papel del capital financiero como instrumento de endeudamiento de la población, urbana y rural, y como soporte “legal” de la expulsión de campesinos e indígenas, reducidos a la servidumbre por deudas.
Colombia es un inmenso laboratorio de la acumulación por desposesión porque se presentan, a vasta escala y con un increíble nivel de violencia, las características antes enunciadas. En síntesis, “lo que posibilita la acumulación por desposesión es la liberación de un conjunto de activos (incluida la fuerza de trabajo) a un coste muy bajo (y en algunos casos nulo)”[1]. El elemento esencial es el despojo como forma violenta que vincula las actividades económicas y la apropiación de tierras. En este sentido, los asesinatos, las masacres, las torturas, el desplazamiento forzado son vehículos de la concentración de tierras, llevados a cabo por “empresarios” que impulsan la acumulación de capital en el campo, gran parte de la cual proviene del robo de la tierra y de la riqueza de los campesinos.

Despojo de tierras
La concentración de tierras en manos de pocos terratenientes ha sido una característica distintiva de la historia de Colombia desde el mismo momento de su separación de España. En este país nunca se realizó una reforma agraria y siempre los latifundistas han tenido un papel protagónico en la escena política y en la vida económica y social. Esto se expresa con indicadores elementales de concentración de la propiedad de la tierra: en el país hay 114 millones de hectáreas, de las cuales 51.3 millones se consideran como superficie agropecuaria, de cuyo total 36 millones están dedicados a la ganadería extensiva, expresión tradicional del poder de ganaderos, terratenientes y narcotraficantes; 10 millones de hectáreas son aptas para la agricultura, y de ellas la mitad se dedica a actividades agroindustriales y en el resto, laderas y zonas bajas tropicales, subsisten millones de campesinos y colonos, de los cuales sólo tiene título de propiedad el 15 por ciento; un 0,43% de los propietarios (grande latifundistas) es dueño del 62,91% del Área Predial Rural, al tiempo que el 57.87% de los propietarios (minifundistas y pequeños propietarios), tiene un ridículo 1.66% de la tierra; el 53% del total de la tierra registrada se concentra en manos de sólo tres mil grandes propietarios rurales; el índice GINI en cuanto propiedad rural ascendió en 2009 a 0.863, uno de los más altos del mundo, sólo superado en América Latina por Paraguay, un país más pequeño; entre el 76 y el 79% de las personas desplazadas tenía derechos asociados a la tierra, bien como propietarios, ocupantes de hecho, poseedores o tenedores; en el último cuarto de siglo se le han usurpado por medio de la violencia unos 7 millones de hectáreas a sus legítimos propietarios o poseedores [2].
De acuerdo a estas cifras, Colombia es uno de los países más injustos y desiguales del planeta, lo cual explica el permanente conflicto agrario de los últimos 60 años, como continuación de las luchas que libraron los colonos, indígenas y campesinos desde comienzos del siglo XIX. En ese sentido, la brutal expropiación de tierras del último cuarto de siglo refuerza un proceso estructural, aunque ahora ese despojo se esté llevando a cabo con unos niveles de violencia y de terror difíciles de concebir en otros lugares del mundo. Este proceso puede definirse como una revancha terrateniente (ahora nutrida con la savia criminal de la alianza que se gestó desde el Estado, entre el Estado, las clases dominantes, el paramilitarismo, el narcotráfico y las multinacionales) cuya finalidad ha sido arrebatar las tierras a los campesinos pobres y destruir a los movimientos sociales de tipo agrario que se les pudieran oponer.
Esto se encuentra ligado con los intereses del capitalismo contemporáneo, porque como lo señaló un campesino que logró escapar de esa barbarie: “En los Hornos crematorios, los criaderos de caimanes y las fosas desaparecieron a muchas víctimas de la contra-reforma agraria en Colombia” [3] Por si hubiera dudas, 4.000 paramilitares confesaron que habían cometido 156.000 asesinatos y participaron en 860 masacres y la Fiscalía General de la Nación informó que entre 2005 y 2010 fueron asesinadas por paramilitares 173.000 personas.
El cambio en el uso de la tierra en Colombia ha sido tan evidente en los últimos 20 años que en donde antes habían parcelas campesinas, llenas de vida, sembradas de maíz y de cultivos de pan coger, con unas cuantas gallinas y cerdos, hoy pasan carreteras y se han sembrado cultivos de exportación, o se han convertido en tierras de ganadería. La expropiación de las tierras de los campesinos tiene varias finalidades, como se describe a continuación.

Tierras para ganadería
Los terratenientes colombianos tienen una especial debilidad por las vacas y los caballos, y por eso poseen grandes latifundios donde pastan miles de cabezas de ganado y caballos de paso fino. La ganaderización del campo colombiano es uno de los rasgos distintivos de este país desde el siglo XIX, cuando los terratenientes introdujeron el alambre de púas y la siembra de pastos, mientras expulsaban a los colonos de las tierras, les arrebataban los títulos y los convertían en peones y agregados de las haciendas. Hasta tal punto domina la lógica ganadera que en las ferias y fiestas que se celebran todos los años se exhiben los “grandes avances” de la ganadería, con exposiciones equinas, corridas de toros, certámenes de coleo o carralejas, para agasajar a los gamonales y terratenientes de un pueblo o una región. Un solo dato es indicativo del poder de los ganaderos en la sociedad colombiana: ocupan 36 millones de hectáreas para un hato ganadero de 19 millones de vacas, es decir, que cada vaca ocupa en promedio casi dos hectáreas del suelo, mientras que millones de campesinos no tienen ni un pedazo de tierra a donde caer muertos. En tales condiciones, uno de los móviles centrales del despojo de tierra busca convertirlas en grandes pastizales, para “sembrar” vacas, caballos y en algunos casos, como en ciertas regiones de Antioquia, hasta búfalos.
Tierras para sembrar cultivos de exportación
Las clases dominantes en Colombia, con una histórica vocación de terratenientes, han visto con muy buenos ojos el proyecto que impulsan los países imperialistas y sus empresas transnacionales de sembrar cultivos de exportación. La puesta en marcha de ese proyecto se sustenta en la expropiación de tierras en varias regiones del país, que se destinan a sembrar productos como la palma aceitera. Ningún cultivo como éste simboliza los nexos entre violencia, despojo, apropiación de tierras y paramilitarismo, como se evidencia en todas las regiones donde se ha implantado.
La propuesta de convertir a Colombia en un país palmicultor cobró fuerza durante el régimen criminal de Álvaro Uribe Vélez, quien estableció como una de sus prioridades incrementar la cantidad de tierras dedicadas a la siembra de palma. Y en efecto, durante el período 2003-2009 el cultivo de palma aceitera pasó de 206.801 a 360.537 hectáreas, con la pretensión de alcanzar pronto seis millones de hectáreas, como expresión del deseo de convertir a Colombia en la “Arabia Saudita del biodiesel”. Tan drástico incremento se logró en antiguas tierras de campesinos, apropiadas por “prósperos para empresarios”. que ahora las destinan a sembrar la palma de la muerte, como la llaman los campesinos desalojados.
Entre los sectores sociales más afectados por estos empresarios del crimen, dedicados a negocios legales, se encuentran los habitantes afrodescendientes de la costa pacífica colombiana, que han sido expulsados de sus tierras, a punta de fuego y motosierra, como ha sucedido con los habitantes de las comunidades de Curvaradó y Jiguamiandó en el departamento de Chocó, cuyos terrenos fueron ocupados por paramilitares en alianza con miembros de la Armada en 1997. Luego del despojo aparecieron empresarios de la Palma que empezaron a sembrarla en esos territorios, contando con el respaldo y el apoyo de la Brigada XVII del Ejercito Nacional que actúa en favor de los empresarios y apoya la expansión de los cultivos. Fueron limpiadas las tierras, derribado parte del bosque nativo, y contaminadas las aguas. Las comunidades campesinas no sólo fueron desalojadas sino que, después de implantarse el cultivo, empezaron a ser asesinados sus líderes cuando intentaban reorganizar a las comunidades, contabilizándose cientos de asesinados [4].

Tierras donde se encuentran riquezas minerales
En las diversas regiones de Colombia donde existen riquezas minerales se ha organizado la expulsión de indígenas y campesinos, como ha sucedido en la Costa Atlántica con la explotación del carbón. En la Jagua de Ibirico, departamento de César, desde mediados de la década de 1990 sicarios a sueldo realizaron numerosas masacres con la finalidad de limpiar la tierra de sus incómodos ocupantes, para apropiarse de las mismas y cederlas a empresas multinacionales, como la Drumond, con la complicidad de notarios del INCODER y otros funcionarios y abogados que llegaron al descaro de hacer firmar escrituras a los muertos para legalizar el robo de tierras. Los campesinos que lograron sobrevivir se vieron obligados a huir, dejaron todo abandonado y, en medio de la miseria, subsisten como vendedores informales y viven en pocilgas miserables en pueblos y ciudades de la costa [5].
Este es sólo un ejemplo, porque en todo el país se están realizando apropiaciones de tierra para realizar explotaciones mineras, si se tiene en cuenta que el Estado les concede facilidades a empresas de capital transnacional para que se lleven los recursos naturales, en lo cual se incluye legalizar las concesiones mineras mediante la entrega de miles de hectáreas para que operen las compañías de Canadá, Sudáfrica, la Unión Europea y otros países. Esto se evidencia con la expedición de títulos mineros, los que pasaron de 80 en el 2000 a 5067 en el 2008, con un total de casi 3 millones de hectáreas concedidas para extracción minera.
Tierras para construir represas
El monopolio de la tierra no puede existir si al mismo tiempo no se monopoliza el agua, porque la tierra sin agua es un desierto. Esto lo tienen claro los terratenientes y ganaderos, así como el Estado que les sirve. Por esta circunstancia, la expansión de los latifundios viene acompañada de la expropiación de las tierras circundantes a los lugares donde se encuentran fuentes de agua y la apropiación privada de ríos, quebradas, ciénagas, humedales y lagunas para beneficio exclusivo de los terratenientes y ganaderos. Gran parte de las represas que se han construido en Colombia en las últimas décadas tienen esta finalidad.
Al respecto vale mencionar a la Represa de Urra I, obra que se construyó entre 1993-1999, y que contó con la lucida oposición de la comunidad indígena de los Embera-Katios, ancestrales habitantes del lugar, desplazados a sangre y fuego por grupos de paramilitares, organizados por terratenientes y ganaderos y respaldados por el Estado y los políticos regionales. La construcción de esta represa es ilustrativa de la destrucción de los bienes colectivos y su conversión en bienes privados, porque unos 70.000 indígenas, campesinos y pescadores fueron directamente impactados por el proyecto Urra I. Al mismo tiempo, se destruyó la pesca artesanal, porque disminuyeron o desaparecieron especies de peces de la cuenca del río, como el caso del bocachico, fuente alimenticia de primer orden en la dieta de los embera Katio y los pescadores locales. Esto último se debió a la desecación de los humedales del alto Sinú, ocasionada por la disminución de los flujos naturales del río, luego de que fuera construida la represa.

Junto con el exterminio del bocachico se han secado humedales y ciénagas, que entre otras cosas es lo que le interesa a los terratenientes para expandir sus fincas ganaderas. Lo que antes eran corrientes de agua llenas de vida, ahora son fuentes contaminadas y muertas, como sucede siempre con las grandes represas, que finalmente son aguas estancadas en las que pululan los mosquitos, que generan epidemias que antes no conocían los indígenas y campesinos [6].
Las hidroeléctricas que se han construido en Córdoba no son una cuestión de energía ni de aguas, sino de tierras ganaderas, las mismas que pertenecen a unos cuantos latifundistas que se van expandiendo a costa de los pequeños campesinos e indígenas y que utilizan todos los medios para quedarse hasta con las tierras de los humedales, los cuales son secados con Búfalos. En estas ricas tierras se han enfrentado desde el siglo XIX los hacendados y los campesinos que cultivan maíz, yuca y malanga y son pescadores, es decir, forman parte de lo que Orlando Fals Borda llamó una cultura anfibia.

Tierras que se entregan a las multinacionales
La tierra ha adquirido una renovada importancia para las potencias capitalistas, en la perspectiva de convertirla en medio de producción que genere agrocombustibles y para apropiarse de las riquezas naturales que en ellas se encuentren. En ese sentido, los países imperialistas libran una guerra no declarada por apropiarse de los recursos, cuyo escenario bélico se despliega en el mundo periférico y dependiente. Colombia, uno de los primeros países del mundo en biodiversidad, no está al margen de esa guerra y por ello en los últimos tiempos se ha presentado una ofensiva de las empresas transnacionales y de sus respectivos estados por adueñarse de importantes reservas de tierras, sobre todo aquellas en que existan recursos minerales. Esto se facilita porque el Estado y las clases dominantes del país han optado por regalarle al capital imperialista nuestras riquezas, a cambio de que siga fluyendo el caudal de dólares y euros para mantener la guerra interna. Un caso particularmente destacado de entrega de tierras a las multinacionales está relacionado con la explotación de recursos minerales en diversas regiones del territorio colombiano. A manera de ejemplo, valga mencionar el caso de la extracción de oro por parte de empresas canadienses y sudafricanas en lugares como Cajamarca (Tolima), San Turbán (Santander), Marmato (Antioquia), entre muchos casos.
En Marmato, una tradicional zona minera desde hace varios siglos, la compañía canadiense Medoro Resources anunció a finales del 2010 que va a realizar un proyecto de minería a cielo abierto que cubre un área de 200 hectáreas e incluye el casco urbano de esa población. Para llevar a cabo este proyecto, la compañía anunció que en los próximos años va a extraer unos 10 millones de onzas de oro. Para hacerlo requiere la remoción de 300 mil toneladas de tierra al año y reasentar el pueblo en otro lugar, el que se anuncia como un sitio paradisiaco, según la propaganda oficial de la empresa, acogida desde luego por la gran prensa y por los políticos de Antioquia y de Caldas. Decir que ese es un reasentamiento es un abuso de lenguaje, porque en verdad se está hablando del desplazamiento forzado de todos los habitantes de un pueblo, que durante varios siglos se han dedicado a la pequeña minería, por obra y gracia de la minería transnacional [7].
En las tierras que se ceden a las multinacionales se incluyen los recursos naturales, la biodiversidad y sobre todo el agua, tan necesaria para la explotación minera y cuyas fuentes quedan contaminadas por el arsénico que se vierte diariamente sobre ríos y quebradas. La contaminación y desaparición de la biodiversidad cierran un proceso de despojo, en el que previamente los grupos privados de asesinos, en alianza con las Fuerzas Armadas del estado, han desplazado a los campesinos y habitantes pobres de las regiones donde se explotan minerales. Se calcula que como resultado de la extracción de recursos minerales, en Colombia habían sido desplazadas en los últimos años, hasta agosto de 2008, unas 600 mil personas. Nada sorprendente si se sabe, por ejemplo, que la transnacional Kedahda (filial de la Surafricana Anglo Gold Ashanti) ha solicitado que le otorguen concesiones en 336 municipios del país, en zonas en las que es notoria la presencia de paramilitares.

La legalización del despojo
Luego de perpetrado el robo de tierras se trata de asegurar su posesión por parte de los usurpadores. Para lograrlo el Estado juega un papel de primer orden ya que entran a operar los mecanismos “legales”, donde abogados, jueces, notarios, alcaldes, gobernadores, parlamentarios, ministros y presidentes actúan en consonancia con el proyecto de legitimar y legalizar la expropiación de tierras. Todos estos funcionarios estatales adelantan la labor de limpiar la cara de los criminales y de presentarlos como honestos empresarios que, al despojar a los campesinos, actúan como portavoces de la patria y se comportan como excelsos defensores de la sagrada propiedad privada. Siempre se trata de mostrar ante la opinión pública que no existió el saqueo y que los pequeños propietarios no son productivos sino, más bien, son un estorbo que conspiran contra los grandes propietarios que, según el estribillo de moda, son los que generan empleo y prosperidad.
En Colombia el despojo de tierras se ha legalizado desde el Estado central con un sinnúmero de leyes. Valga mencionar algunas. La ley 791 de 2002 reduce a la mitad el tiempo estipulado para la prescripción ordinaria y extraordinaria, con lo cual se acorta el plazo requerido para alcanzar la legalización de un predio ante los estrados judiciales, argucia que como es obvio favorece a los usurpadores de tierras. La ley 1182 del 2008 instituye el “saneamiento de la falsa tradición”, una figura con la que se posibilita la legalización de predios de más de 20 hectáreas adquiridos de manera ilegal, siempre y cuando no se presente ante un juez alguna persona que alegue en contra de esa solicitud y con pruebas, algo difícil porque un desplazado o no está informado de las solicitudes de adjudicación sobre sus tierras y si está enterado poco puede hacer ante el chantaje violento que pende sobre su cabeza. La ley 1152, o Estatuto Rural, establece la validez de los títulos no originarios del estado registrados entre 1917 y 2007, con lo cual permite la solución de los litigios a favor de los grandes propietarios y quienes han robado tierras en los últimos 90 años. Esta misma ley prohíbe la ampliación de resguardos indígenas en la zona del Pacífico y en la cuenca del Atrato, un región de gran desplazamiento forzado, que deja a los indígenas desamparados legalmente para defender sus territorios.
Pero las leyes de legalización del despojo no sólo están referidas a las tierras, sino que incluyen el interés de legislar en términos de agua, paramos, bosques, parques naturales, recursos forestales para que todo aquello que sea propiedad pública o común se convierta en bienes privados al servicio de capitalistas, terratenientes y multinacionales.
Como si no fuera bastante con este rosario de leyes a favor del latifundio y los agentes del despojo rural, durante el gobierno de Juan Manuel Santos se ha impulsado la idea de la consolidación de la seguridad democrática, un eufemismo para decir que se va asegurar el robo y el despojo. Al respecto, en el 2010 fueron desplazadas 280.041 personas del campo, en 31 de los 32 departamentos del país y, lo más revelador, el 33 por ciento de los desplazados se origina en las zonas que el régimen uribista denominó Centros de Coordinación y Atención Integral (Ccai), “programas que tienen incidencia en 86 municipios en 17 departamentos, los cuales el ex presidente Uribe consideró prioritarios para recuperar la seguridad y avanzar en inversión social y empresarial”. Llamativo también que en un tercio de las tales zonas de consolidación hay explotaciones de minerales, especialmente del oro, como en Montelíbano (Córdoba), varios municipios del Bajo Cauca, en el Pacífico o en el Catatumbo. No por casualidad la región más crítica es el bajo cauca, donde “En las riberas de los ríos Cauca, Man, Nechí y Cacerí hay cerca de 2.000 retroexcavadoras y dragas que según cifras oficiales sacan 28 toneladas de oro al año. Con la fiebre minera llegaron las bandas criminales, las masacres, los asesinatos y las amenazas. En la región hay 89 asesinatos por cada 100.000 habitantes, la tasa más alta de Antioquia”.
En esas zonas de consolidación de latifundio agroindustrial se están sembrado miles de hectáreas con palma aceitera, tales como en San Onofre (Sucre), Tibú (Norte de Santander), Guapi y Tumaco (Nariño), en las faldas de la Sierra Nevada y en la Macarena (Meta).
En tales zonas de consolidación tampoco se ha erradicado el narcotráfico, pues en un 70 por ciento de ellas se cultiva hoja de coca, un hecho que además acelera el desplazamiento porque actúan los narcoparamilitares y porque las fumigaciones del ejército golpean a los campesinos y sus familias y les destruyen sus cultivos [8].
En rigor, la consolidación que se busca es la del gran capital agro-minero exportador en el cual sobresale la alianza entre latifundistas, narcotraficantes, exportadores y empresas multinacionales. Para hacerlo posible, el Plan Nacional de Desarrollo, en sus artículos 45, 46 y 47, modifica la ley 160 de 1994 que impedía que las tierras públicas (baldías) fueran transferidas a particulares que formaran latifundios. Ahora se permite que se adjudiquen esos baldíos de la nación a cualquier persona, nacional o extranjero, todo lo cual se justifica con el cuento de promover las grandes exportaciones agropecuarias, en las que se destila la demagogia que de esta forma se consolidará la alianza entre campesinos y grandes productores. Algo que es mucho más explicito con la mal llamada Ley de Tierras, un proyecto que favorece y fortalece a los capitalistas nacionales y extranjeros.

Los expropiados
Aunque las grandes empresas agroexportadoras y minerales necesiten trabajadores ya no requieren vastos contingentes de ellos, ni tampoco generan unas relaciones salariales clásicas, sino que impulsan formas de vinculación laborales propias del esclavismo o del feudalismo. El empleo que generan las minas o las plantaciones de palma o de caña de azúcar es muy escaso y el grado de explotación de los trabajadores es bestial, sin ningún tipo de derechos laborales, e incluso sin contratación directa puesto que predomina el trabajo terciarizado por medio de cooperativas, con el objetivo de esconder al patrón. Un ejemplo de esta forma de vinculación laboral de tipo salarial, degradada al máximo, es el de los corteros del Valle del Cauca, que en el 2008 realizaron una heroica huelga.
Estos trabajadores de rasgos cetrinos, muchos de ellos descendientes de esclavos africanos, soportan interminables jornadas de 12 o más horas, laborando bajo pleno sol, sin un salario fijo porque se les paga de acuerdo a la cantidad de caña que sean capaces de cortar, cuyo peso es controlado por las basculas que pertenecen o las empresas contratistas o a los ingenios. Su jornada de trabajo discurre los siete días de la semana, con un solo día de descanso al mes. No tienen derecho a enfermarse porque, aparte de que no cuentan con servicio médico pago por la empresa sino que lo deben asumir por su cuenta, deben enviar un sustituto cuando se enferman y si no lo hacen son despedidos. La jornada diaria de trabajo se inicia a las seis de la mañana y se prolonga hasta cuando comienza la noche. Todo el día cortan caña a punta de machete. Se les paga por el volumen de caña cortada, por lo que reciben un salario variable, a destajo. Los organizadores de las cooperativas asociadas les dicen que ellos son a la vez patrones y trabajadores, en razón de lo cual todo lo que utilizan o necesitan (machetes, guantes, zapatos, ropa y protectores de tobillo) deben ser comprados por ellos mismos, con sus magros ingresos. Tampoco tienen subsidio de transporte, un gasto importante en su reducido presupuesto ya que representa hasta la séptima parte de sus salarios, porque supuestamente no son empleados sino patrones. Entre otras cosas, esta extraña condición de figurar como patronos de sí mismos les impide en términos legales que hagan huelgas. No tienen derecho a vacaciones ni a pago de horas extras [9].
En el caso de la caña como en los otros sectores de este tipo de agronegocios, si los trabajadores se atreven a protestar, a organizarse, afiliarse a un sindicato o hacer huelga, inmediatamente son amenazados, perseguidos y asesinados sus líderes y activistas más beligerantes.

Liquidación de organizaciones y movimientos sociales
 Otra característica de la acumulación por desposesión estriba en desarticular por todos los medios posibles, empezando por la violencia física directa, a todos aquellos sectores sociales de tipo popular que pudiesen oponerse al proyecto de consolidación del capitalismo agroindustrial de tipo exportador. En Colombia esto se expresa en el desangre que han sufrido las organizaciones sociales en los últimos 25 años por parte del Estado y de los grupos de sicarios que han sido organizados y financiados por diversas fracciones de las clases dominantes, en cabeza de las cuales sobresalen los ganaderos y latifundistas, en asocio con empresas multinacionales.
La violencia contemporánea que acompaña el despojo de la tierra y la naturaleza tiene un marcado carácter de clase. Se trata, en pocas palabras, de eliminar los incómodos obstáculos sociales que impidan la consolidación del modelo agroexportador, lo cual sigue en términos generales un mismo modus operandi: primero se limpia la tierra mediante el terror por parte de grupos de criminales contratados por el Estado y fracciones de las clases dominantes; luego, los políticos regionales diseñan la planeación estratégica para transformar esas regiones en lugares adecuados para la puesta en marcha de actividades económicas, que sólo pueden llevarse a cabo con la consolidación de los planes de pillaje, muerte y saqueo; en tercer lugar, ya con las tierras despejadas y con los planes empresariales se llama al capital extranjero para que invierta en el país, garantizándoles plena seguridad a las inversiones y brindándole, aparte de protección, todo tipo de gabelas, descuentos y regalos.
La implantación de cultivos como el banano, la palma aceitera, o de otros productos destinados a producir agrocombustibles (caña de azúcar) o la extracción de petróleo, minerales y oro viene acompañada de una dosis notable de violencia, como se evidencia con la gran cantidad de sindicalistas, dirigentes campesinos e indígenas que han sido asesinados. Las masacres, desplazamientos forzados, destrucción de sindicatos acompañan esta forma de acumulación de capital en Colombia en las últimas décadas. Eso no es algo excepcional o fortuito sino consustancial a este tipo de capitalismo gángsteril, como lo dice un estudioso de la explotación de palma: “El aceite o el biodiesel de Palma Africana tienen a la violencia como aditivo. En Indonesia, en África o en Colombia, la depredación ambiental, la represión a las comunidades indígenas y campesinas, y el antisindicalismo son algunas de las huellas de la identidad violenta del cultivo industrial de la Palma Africana” [10].
La implantación de la palma viene acompañada de la expulsión de los campesinos y por esa razón puede decirse que la palma aceitera Es el “NAPALM” del Plan Colombia: quemando la selva, quemando la gente y a todo derecho.” Y lo que queda después son “desiertos verdes, árboles en filas plantados como zanahorias, sin campesinos, con escasa mano de obra y la poca que genera mendiga por laberintos donde la esclavitud no encuentra salidas” [11]. Esta es la famosa Arabia Saudita del biodiesel que buscan los para empresarios y no están equivocados porque quieren transformar a este país en un desierto de palma, sin campesinos, regido por una monarquía oligárquica y corrupta como la de Arabia Saudita.
La palma es un negocio criminal de paramilitares y narcotraficantes, como se prueba con el hecho que 23 empresarios del sector en el 2003 invirtieron 34 millones de dólares. Esto fue posible mediante el desplazamiento de 5000 campesinos, la ocupación de 100 mil hectáreas que correspondían a territorios de comunidades afrodescendientes en el Choco. Esto fue respaldado por los sicarios privados, aliados con el ejército y burócratas del Ministerio de Agricultura, que concedieron generosos créditos y llamaron a la apropiación de la tierra para que “honestos empresarios hicieran patria” con su sacrificio y tesón. Como para que no quede duda esta operación, encaminada a impulsar el cultivo de palma, fue directamente comandada por los paramilitares Carlos y Vicente Castaño, que a su vez eran propietarios de Urapalma, una firma dedicada al negocio de producir y refinar aceite de palma. Uno de estos criminales, Vicente Castaño, recibió “2,8 millones de dólares de entidades como el Fondo para el Financiamiento del Sector Agropecuario y el Banco Agrario”, y otras tres firmas de paramilitares recibieron más de 6,8 millones de dólares [12].
Otro tanto sucede con el banano que se ha sembrado en Colombia para la exportación, producto que desde la masacre de 1928 ha estado ligado a la violencia del capital imperialista. Y esta no es una evocación histórica sino actual, porque se han comprobado los nexos entre los grupos de criminales que mataron a miles de campesinos y trabajadores bananeros en varias zonas del país, especialmente en el Urabá antioqueño, hasta el punto que la Chiquita Brands fue condenada en un tribunal de los Estados Unidos a pagar una multa de 25 millones de dólares por estos crímenes. Eso si, sus ejecutivos no sufrieron ninguna condena por patrocinar y financiar a los criminales que le hacían el favor de matar a sus incómodos trabajadores que se organizaban en sindicatos y querían mejorar sus condiciones de trabajo y de vida. Tal ha sido la impunidad criminal que se enseñoreo en la zona bananera de Urabá que bien puede catalogarse como un “modelo” de imposición de los cultivos empresariales en nuestro país, ya que allí confluyen todos los elementos que hemos descrito: despojo de tierras, expulsión de campesinos y trabajadores, asesinatos, masacres, financiamiento de empresas nacionales y multinacionales a los grupos criminales, alianzas entre sicarios y militares, participación y complicidad del Estado, eliminación física de la base social de la insurgencia y los movimientos de izquierda, legitimación por parte de la gran prensa y de los políticos locales de los crímenes cometidos a nombre de la salvación de la patria y de la imposición del orden y la seguridad, premio a los criminales donde quiera que se encuentren o se desempeñen, patrocinio de políticos regionales a nivel nacional, hasta que uno de ellos alcanzó la presidencia de la República.
Ese modelo bananero es el mismo que se está aplicando con la palma aceitera y en la explotación minera, como buen ejemplo de los costos sociales y humanos de la producción primaria exportadora que beneficia al capital imperialista y a sus socios criollos. En pocas palabras, en el Urabá antioqueño se demostró que este país es una típica república bananera, aunque mejor sería llamarla una Para República Bananera.
 * Renán Vega Cantor es historiador. Profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional, de Bogotá, Colombia. Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 1998-1999; Gente muy Rebelde, (4 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; entre otros. Premio Libertador, Venezuela, 2008.

Notas
[1] David Harvey, El nuevo imperialismo, Editorial Akal, Madrid, 2005, p. 119.
[2] Ver, PNUD, Colombia, Colombia rural. Razones para la esperanza. Resumen Ejecutivo, Informe Nacional de Desarrollo Humano 2011, Bogotá, septiembre de 2011; Luis Fernando Gómez Marin, Concentración de la tierra y concentración de ayudas del Estado, en luisfernandogomezz.blogspot.com/.../la-desigualdad-en-la-propiedad ; Darío Fajardo, Reforma agraria y paz… o minería, en www.espaciocritico.com/?q=node/72
[3] Citado en Azalea Robles, “La Ley de Tierras de Santos. De las fosas comunes a la consolidación del gran capital”, Rebelión, octubre 18 del 2010.
[4] El primer capítulo de la ‘paraeconomía’, en www.espaciocritico.com/?q=node/72
[5] Carbón y sangre en las tierras de Jorge 40. en www.prensarural.org/spip/spip.php?article4803
[6] Fernando Castrillón Zapata, Efraín Jaramillo y Gregorio Mesa Cuadros, Colombia: La represa de Urrá y los Embera Katío del Alto Sinú. Una Historia de farsas y crímenes, en www.kaosenlared.net/noticia/colombia-represa-urra-embera-katio-alto-sinu-historia-farsas-crimenes
[7] MEDORO RESOURCES Ltda. se quiere tragar a Marmato, en www.pacificocolombia.org/.../ medoro - resources -ltda... marmato /77
[8] Desplazamiento: el desangre continua, en www.verdadabierta.com/index.php?option=com_content&id...
[9] Ricardo Aricapa, Las razones sociales y laborales que llevaron al paro a los corteros de caña, en www.rebanadasderealidad.com.ar/escuela-col-08-06.htm
[10] Gerardo Iglesias, “El agua y el aceite. Palma africana y derechos humanos”, en www.ecoportal.net Rel-UITA
[11] Ibíd.
[12] La palma africana negocio criminal de paramilitares y narcotraficantes, en www.derechos.org/nizkor/colombia/doc/palma1.html

lunes, 13 de febrero de 2012

Grecia - ¿Euro o Dracma?

Grecia

Imágenes de las protestas
http://periodismohumano.com/economia/fuertes-protestas-en-grecia-contra-los-recortes.html

¿Euro o dracma?
Antonis Davanellos
La Breche/A l'encontre
http://alencontre.org/
Traducción de Viento Sur
http://www.vientosur.info/

En un estudio publicado el 5 de enero de 2012, el Instituto Oficial de Estadística del Estado griego (Elstat) indica que, en 2010, 597.000 hogares -es decir, 2,2 millones de personas- vivían bajo del umbral de la pobreza o estaban considerados como "socialmente excluidos". El límite de la renta anual para considerar que una familia con dos adultos y dos hijos menores de 14 años no "cae en la pobreza" esta situado en 15.073 €. Sin embargo, el proceso de pauperización se acentúa de semana en semana, en el sentido literal del término. Por otra parte, el Elstat subraya que la precariedad en el empleo -en el sentido de los meses en los que se obtiene algún ingreso- no ha hecho más que incrementarse desde 2010. Ese año ya había 3,03 millones las personas al borde de engrosar las cifras de la "exclusión social", lo que equivale al 27,7% de la población. Estas cifras son mucho más sombrías actualmente.
En el último trimestre de 2011, el Instituto de Investigación del Empleo (Ine) del sindicato mayoritario del sector privado griego (GSEE) estimaba que la tasa real de paro era del 23% de la población activa, frente del 18,4% que ofrecía el gobierno en agosto de 2011. Semejante tasa de paro, que entre los jóvenes de 15 a 25 años supera el 40%, está traduciéndose en un factor de emigración, al igual que en Portugal y España. A pesar de ello continúa la cascada de planes de austeridad que acentúa la recesión e incrementa la deuda en relación al PIB.
El Estado griego debe reembolsar para marzo de 2012 la suma de 14,5 millardos de euros de obligaciones y no tiene posibilidades de hacerlo. Las condiciones impuestas por las instituciones internacionales (FMI, BCE, UE) para una nuevo paso en el pretendido "plan de rescate" (de los bancos) se resumen en que el gobierno acepte las condiciones de descuento de la deuda griega que exigen los bancos, las aseguradoras y los fondos de inversión, representados todos ellos por el Instituto Internacional de Finanzas (IIF) en tanto que negociador central.
En la trastienda de las negociaciones entre el gobierno griego y el IIF -que tropiezan con dificultades como deja traslucir la interrupción momentánea de las negociaciones el 13 de enero de 2012- lo que se da son las operaciones de especulación clásicas en esta circunstancias. En efecto, los fondos de inversión de capital riesgo (hedge funds) recompran a precio bajo la deuda griega de la que se quieren desprender los bancos. Estos hedge funds especulan actuando sobre dos escenarios. Uno, que el gobierno se encuentre incapacitado para hacer frente al pago el mes de marzo, lo que conllevaría a la activación de los CDS (Credit Default Swap)y el reembolso de la pérdida de los hedge funds por parte de los CDS. El otro, que los hedge funds esperan ser reembolsados por el gobierno griego al valor nominal de las obligaciones. En efecto, en el caso en el que los bancos y otras instituciones acepten un descuento en torno al 60% o 70% (o más) y pasen a un acuerdo, los hedge funds pueden rechazar este descuento sobre la parte que han adquirido, lo que les aseguraría un beneficio sustancial. Hay que saber que el acuerdo que podría darse entre el gobierno y el IIF no obliga a todos los que hayan comprado las obligaciones a aceptar una decisión tomada por una mayoría cualificada. Segun el Wall Streel Journal del 13 de enero de 2012, estos hedge funds detentan más de 70 millardos de euros de la deuda griega. Las negociaciones no se darán sólo sobre el porcentaje de descuento sino sobre quiénes van a firmar tal acuerdo y la cantidad de deuda que poseen. La prensa podría informar mejor de todo esto, a fin de sacar a la luz los verdaderos negocios que se hacen utilizando la deuda ilegítima
Sobre esta cuestión, la izquierda griega -es decir, la izquierda radical- plantea con justeza el rechazo del pago de la deuda, una posición que se expresa con matices diversos. Pero también existe otro debate entre las fuerzas de la izquierda radical; es el debate en torno a la salida o no del euro. El artículo de Antonis Davanellos -uno de los portavoces de DEA (Izquierda obrera internacionalista), que se sitúa en el ala izquierda de la coalición SYRIZA- nos presenta este debate. La redacción de La Breche/A l'encontre comparte su punto de vista. (Charles-André Udry)
Desde hace dos años, la experiencia griega, bajo la vigilancia suprema de la troika (Unión Europea, FMI y Banco Central Europeo) y los estrictos programas de austeridad que vienen de ella, ha llevado al colapso de las ilusiones relativas al "europeísmo" y a la "europeización".
Hace diez años, bajo la influencia de argumentos convergentes de la derecha y, sobre todo, de la socialdemocracia, en Grecia tomo cuerpo una amplia corriente de opinión basada en la falsa esperanza de que llegando a ser miembros de la UE y de la eurozona, la economía (capitalista) griega entraría en una fase de crecimiento duradero y que, en ese proceso, al incrementarse a "tarta" a repartir, también saldrían beneficiados los asalariados y asalariadas.
Ahora mismos estas ideas están hechas añico, carbonizadas. Y por ello, el debate sobre las perspectivas adquiere una relevancia de primer orden. Miles de trabajadores y trabajadoras se interesan en él y, por ello, adquiere una amplitud e importancia política sin precedentes.
En el futuro próximo vamos a asistir a cambios importantes. Los podemos enumerar aquí. En primer lugar, la modificación de la actitud de los países más importantes de la UE. De hecho, la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Nicolas Sarkozy ya han adoptado una orientación a favor de una Europa a dos velocidades y de un euro que se adapte a esta situación. Países como Grecia, pero también España, Portugal e Italia, van a verse relegados del primer vagón del tren de la UE. Entre las decisiones adoptadas por la cumbre europea del 9 de diciembre de 2011, se afirma por primera vez la posibilidad de expulsar de la UE a un "Estado fallido". Por el momento, esta perspectiva concierne fundamentalmente a Grecia.
En segundo lugar, sectores de las clases dominantes en Grecia empiezan a cambiar de posición. Evidentemente, los banqueros, algunos grupos industriales y los armadores prefieren continuar como miembros del "club" del euro y declaran que están dispuestos a seguir atacando brutalmente a la gran mayoría del país para alcanzar este objetivo; pero, por primera vez en estos últimos años, determinados sectores -y algunos de ellos, entre los mencionados- comienzan a realizar cálculos para valorar si les resulta beneficioso seguir en la zona euro. La razón de este giro se encuentra en las características que está adquiriendo la crisis económica internacional y las decisiones que se adoptan para la gestión de la así llama crisis de la deuda soberana.
En la prensa de la clase dominante griega se están publicando artículos en el sentido de que el capitalismo griego existía y funcionaba antes de la existencia del euro y que, del mismo modo, podría seguir existiendo fuera de la eurozona. Los analistas más perspicaces detectan ya movimientos hacia la salida del euro en fracciones de la clase dominante con el fin de disponer de una capacidad de control de la situación en caso de grandes turbulencias económicas, sociales y políticas que conducirían a un "giro nacional", "soberanista" del capitalismo griego y a un vuelta obligada a la dracma. Los políticos más lúcidos -por ejemplo, el ministro de Finanzas, Evangelos Vanizelos- piensan que estas decisiones no se plantean a largo plazo sino que puede que sea necesario adoptarlas en los próximos meses.
Evidentemente, la crisis ha minado el poder de los capitalistas griegos y ha reducido su capacidad para actuar con "independencia" de las grandes potencias; pero la posibilidad de adoptar este tipo de decisiones "independientes" -ciertamente, dentro de unos límites- no ha desaparecido. Sobre todo si se tiene en cuenta que los capitalistas griegos y su Estado continúan siendo una fuerza con peso en los Balcanes y en el Este de la región mediterránea. Un papel reforzado por la alianza político-militar con el Estado de Israel que trata de asegurar su acceso a los recursos energéticos en esta región mediterránea (se está explorando yacimientos de gas y petróleo en el Mediterráneo oriental, lo que se ha convertido en un elemento de discordia entre Chipre, Grecia y Turquía) y conservar una estabilidad geopolítica en la zona tras los cambios producidos por las llamadas "revoluciones" del mundo árabe y el cambio de orientación de gobierno turco.
En ese contexto, la "izquierda europea" piensa que la mayoría de las corrientes de la izquierda anticapitalista griega son favorables a una salida de la eurozona y a una vuelta al dracma. No es del todo exacto.
El Partido Comunista Griego, la fuerza política más importante a la izquierda, ha estado tradicionalmente a favor de una salida de la eurozona y de la Unión Europea. Actualmente, el PC dice que estos objetivos sólo pueden alcanzarse a través de un régimen político que ellos califican de este modo: "Un poder popular y una economía popular". Su dirigente, Aleka Papariga, afirma que si la vuelta al dracma se realiza en el contexto actual de relación de fuerzas, traerá un ataque especulativo sin precedentes y una pauperización de los asalariados y campesinos, también sin precedentes. Estoy parcialmente de acuerdo con esta posición. Digo parcialmente, porque no sé, ni de forma aproximativa, qué es lo que significa la fórmula "poder popular y economía popular" que el Partico Comunista sitúa entre el capitalismo y el socialismo.
No obstante, estoy de acuerdo en que la vuelta a la dracma bajo la batuta de los capitalistas y de su Estado tendría unos efectos devastadores sobre la población. La vuelta a la dracma -que, de entrada, se encontraría devaluada - conduciría a una nueva devaluación, lo que implicaría una depreciación de las rentas y haberes salariales (salarios, pensiones, vivienda, etc.) y, también, de los "activos" campesinos: una devaluación de las tierras cultivables. Por contra, los capitalistas griegos que detentan riquezas evaluadas en 600 millardos de euros -es decir, más del doble de toda la deuda griega- podrían comprar a precio de ganga las empresas públicas, los hospitales, las tierras cultivables…
Es decir, se daría una transferencia colosal de riqueza de lo público a lo privado, transferencia que se puede comparar a la que se produjo en los países del Este tras la caída del muro en 1989.
Desgraciadamente, un sector de la izquierda anticapitalista no ha comprendido esta trampa que ha puesto al descubierto el Partido Comunista. ANTARSYA, por ejemplo, ha adoptado el siguiente lema en su último congreso: "Por una salida anticapitalista del euro". Un eslogan sin rigor alguno. Si se plantea como perspectiva estratégica de derrocamiento del capitalismo, situar la cuestión de la moneda como punto de partida, no es la mejor opción. Desde ese punto de vista sería mejor un eslogan tradicional: "Todo el poder a los consejos obreros, campesinos y populares" o, dicho de otro modo, a las estructuras de autoorganización democrática. Pero un eslogan semejante no haría sino evidenciar la distancia enorme que existe entre este objetivos y las tareas presentes, así como las responsabilidades actuales de la izquierda anticapitalista.
Para los camaradas (la mayoría) de ANTARSYA, la forma de resolver esta contradicción en su actividad política cotidiana se traduce en obviar el adjetivo anticapitalista (del eslogan "por una salida anticapitalista del euro") y plantear lisa y llanamente la salida del euro para, de ese modo, poder gestionar la política monetaria y la devaluación de la moneda como medio para recuperar competitividad y, de paso, la reconstrucción productiva del país.
Esto nos traslada de nuevo a las ideas de ciertos economistas radicales "realistas". Por ejemplo, Costas Lapavitsas, que propone un retorno inmediato a la dracma y una devaluación sistemática como la única posibilidad de reforzar la capacidad competitiva de las empresas griegas y de sus exportaciones. De ahí vendría la posibilidad de una reconstrucción productiva del conjunto del país. Es una "solución elegante" pero con los pies de barro. La dracma no sería la única moneda a realizar una devaluación competitiva. También lo haría el escudo (portugués), la peseta (española), la lira (turca), etc. ¿El resultado?: la carrera por la competitividad se transformaría en una guerra económica en las que la víctimas serían las gentes asalariadas y los capitalistas acapararían los beneficios. En cualquier caso, Lapavitsas tiene la decencia de admitir que a medio término el resultado de sus propuestas implicarían restricciones (penurias) importantes para la población en lo que respecta a la alimentación, los medicamentos, carburantes, etc. Algo que ninguna fuerza política de izquierdas se atreve a decir pero, ¿no deberían hacerlo?
En realidad, estamos asistiendo al renacimiento de las ideas, de carácter nacionalista más o menos afirmado y reformista, de las viejas corrientes de izquierda. A principios de los años 60, una fracción significativa de los economistas radicales (entre los que se encontraba Andreas Papandreu, fundador del Pasok) proponía una vía análoga para el desarrollo del capitalismo griego: la nacionalización de sectores "estratégicos" (energía, agua, telecomunicaciones, transporte, etc.), una política exterior independiente, un reforzamiento de la industria pesada, medidas proteccionistas para apoyar la producción griega, etc. En teoría, se trataba de una política que sólo podría ser puesta en práctica por un gobierno de izquierda, una política que conduciría "objetivamente" al socialismo. En la práctica, fue la orientación que aplicó ampliamente la Junta Militar entre 1967 y 1974. Y sobre todo, la que aplicó el primer gobierno de derechasque le sucedió, liderado por Constatin Caramanlis, que algunos políticos de derechas calificaban como un "maníaco socialista".
Este tipo de orientación está muy alejado del contexto al que hacen frente hoy en día los trabajadores y trabajadoras en Grecia. Nuestra tarea principal consiste en oponernos y hacer fracasar las políticas de austeridad. En esta confrontación, y a través de ella, tenemos que acumular fuerzas -tanto en el movimiento sindical como en la izquierda política- para dar contenido a la perspectiva del derrocamiento del capitalismo y la batalla por el socialismo. En este esfuerzo, es preciso excluir la posibilidad de que los asalariados, que ya han sufrido medidas muy duras de "devaluación interna" bajo el imperio del euro, se vean forzados a pagar el precio de una reconstrucción capitalista bajo la égida de un giro "nacional", esta vez bajo el reinado de la dracma.
Esta es la orientación que tratamos de desarrollar en SYRIZA a través, entre otros, del eslogan "Ningún sacrificio por el euro; ninguna ilusión en la dracma".
De ese modo, tratamos de plasmar una orientación de izquierda que haga frente al vulgar "europeísmo" que tiene por función legitimar las políticas de austeridad actual; y, también, el rechazo a la consigna de retorno inmediato a la dracma. Entre otras razones porque, como hemos explicados más arriba, el giro "nacional" no es la posibilidad más probable. Y si llega a darse -en el marco de la relación de fuerzas socio-políticas actuales- el resultado será amargo para nuestra población y desastroso para la izquierda; especialmente si se supedita a tal giro y no está preparada política e ideológicamente.
Muchos camaradas desarrollan el argumento de que el euro no es un símbolo neutro. Comparto esa opinión. El euro representa y simboliza las políticas neoliberales extremas que dominan la UE desde hace 25 años. Pero la dracma tampoco es un símbolo neutro. La dimensión simbólica de una moneda está sujeta al hecho de quién controla la economía y quién controla el poder político. Y en la historia de las revoluciones hasta el día de hoy, la cuestión de la moneda no ha sido nunca el punto de partida del proceso.
Otros camaradas, fundamentalmente de ascendencia trotskista, apoyan la salida del euro como elemento del llamado "programa de transición". Una manera un tanto "flexible" de interpretar los elementos constitutivos de ese programa. Dicho de otro modo, los camaradas tratan de cambiar el mundo comenzando por el techo, al tiempo que subestiman los peligros de compromiso con las orientaciones proteccionistas, propias de un "realismo económico" y del nacionalismo, incluso si este último es moderado y se expresa bajo una variante de "izquierda".

miércoles, 8 de febrero de 2012

Siria - Punto de no retorno

Charles-André Udry
La Breche
http://alencontre.org/
Traducción de Faustino Eguberri
Viento Sur
http://www.vientosur.info/

 
El pasado 1 de febrero Robert Fisk terminaba así su artículo en el periódico The Independent: “Pero hay una cuestión que no está planteada. Suponed que el régimen (de Bachar el-Assad) sobreviva. ¿sobre qué Siria ejercería su poder?”. Dicho de otra forma: la revuelta ha alcanzado un punto de no retorno. El registro, bajo todas las formas, por las fuerzas policiales y militares, de decenas de miles de manifestantes y de opositores –cada semana, cada día- en las diferentes ciudades y aldeas del país haría mañana muertos y encarcelados, torturados, suplementarios,  si el combate se detuviera. Y si el régimen de la camarilla de Assad permaneciera. El terrible precio humano de este combate popular es conforme a la naturaleza odiosa e implacable del régimen, con el que ninguna negociación es posible y aceptable por los combatientes antidictatoriales.
El 4 de febrero de 2012, Khaled al-Arabi, miembro de la Organización Árabe de los Derechos Humanos, declaraba: “El ejército sirio bombardea con cohetes y morteros. Está cometiendo un baño de sangre de un horror jamás visto hasta ahora en la ciudad de Homs…”. Radio France Internationale (FRI), en la misma fecha, afirmaba: En Homs, son cerca de 300 las personas  muertas sólo la jornada de ayer, viernes 3 de febrero de 2012, afirma el Consejo Nacional Sirio (CNS). Incluso si es difícil saber con precisión lo que ocurre en ese país cerrado a la prensa y sometido a un estricto control, las imágenes difundidas por las televisiones árabes y los testimonios recogidos evocan una violencia creciente y ciega. Los testimonios describen un bombardeo despiadado, una ciudad transformada en zona de guerra. Nadie, ni ningún barrio se ha librado de una “verdadera lluvia de bombas”. Y es un verdadero baño de sangre lo que se describe. El bombardeo de la ciudad ha comenzado ayer, viernes 3 de febrero hacia las 17 horas, hora local, y ha proseguido hasta el alba. Los testigos declaran que los primeros bombardeos se han concentrado sobre todo en el barrio de al-Khalidiya, donde numerosas casas se han hundido sobre sus ocupantes y donde se cuentan la mayoría de las víctimas. A lo largo de toda la noche, los balances no han dejado de crecer. Según los opositores del Consejo Nacional Sirio, es “una de las masacres más horribles desde el comienzo (el pasado marzo) del levantamiento en Siria”. La oposición estima que se trata de represalias tras nuevas deserciones registradas en el seno de las fuerzas armadas”.
Dos elementos destacan entre las diversas fuentes que se pueden recoger. En primer lugar, la revuelta contra el régimen dictatorial se ha ampliado desde noviembre de 2011. Alcanza las zonas urbanas más importantes. Por tanto, ha tomado forma y fortalecido un movimiento de la periferia hacia el centro durante estos últimos once meses. En el plano social, las capas que participan en la movilización contra la dictadura –el término revolución debe ser entendido en este sentido- se han ampliado también. Solo la existencia de tal “frente social” permite comprender el mantenimiento y el refuerzo de una organización que asegura: los días sucesivos de movilización; las consignas que dan su sentido a cada “viernes” de lucha contra el poder del clan Assad; la amplitud de los funerales, a menudo colocados bajo la protección de soldados que han desertado; los cuidados –ciertamente administrados en condiciones dramáticas- aportados a los centenares de heridos que no pueden ser cuidados en los hospitales, pues la llamadas fuerzas de seguridad vienen a secuestrarles para torturarles y matarles; la puesta en pie de redes de comunicación y de transporte en un contexto de guerra. Es sobre esta base social sobre la se basan las actividades de los comités Locales de Coordinación. La población en revuelta recibe una ayuda de la diáspora siria que dispone de recursos materiales. Pero el hecho de que no dependa de una fuerza “extranjera” ha reafirmado el sentimiento de que debe contar con sus propias fuerzas. Lo que dinamiza –a pesar de los suplicios y los dolores encajados- las múltiples ayudas mutuas y las formas de auto-organización.
Luego, las masacres, las torturas de niños, las violaciones de mujeres, el número de familias ofendidas, martirizadas, han conducido, inevitablemente a la aparición de formas de autodefensa. Las deserciones se multiplican: las que provienen del ejército del régimen que rechazan ser el brazo asesino de Assad; las de jóvenes que rechazan el reclutamiento forzoso. Estos soldados de la revuelta –conocidos bajo el nombre de miembros del Ejército Sirio Libre- disponen de un armamento ligero. En este sentido, no hay una verdadera militarización del combate antidictatorial, aunque enfrentamientos directos, relativamente limitados, se hayan producido y podrían ampliarse como consecuencia de la masacre cometida en Homs. Estas deserciones ilustran fallas en el régimen. Más exactamente, frente a la extensión y la duración de la revuelta, un régimen así no puede evitar los procesos de autonomización relativa de sus diversos centros de poder; esto tanto más en la medida en que ya tiene más de 40 años. Episodios de luchas análogas en la historia demuestran que –a medida que perdura la movilización, se refuerza y ya no puede retroceder- los procesos de tomas de decisión se hacen más difíciles. Traducen las dudas de los sectores que no están en el círculo restringido de las pocas “familias” que monopolizan el poder y todos los privilegios corruptores que derivan de ello. Una dinámica errática se instala pues en la gestión misma de las operaciones represivas y políticas. Y las incertidumbres sobre su futuro económico inquietan a las capas de negociantes, de comerciantes, de importadores y exportadores, así como los medios ligados al turismo. Las sanciones aumentan la dependencia de Irán; lo que no es considerado como una solución atractiva por diversas fracciones de la media burguesía.
Ciertamente, la Guardia Republicana y la IV División de Maher el-Assad (el hermano de Bachar) son instrumentos de terror en manos del régimen. Pero un signo, según diversos reportajes, no engaña. ¿Por qué el poder debe dedicar tantos recursos para comenzar a vigilar, a amenazar con sus esbirros, a los medios cristianos y alauitas que constituían (y siguen constituyendo) su base “oficializada”? Tomar como rehenes a las minorías confesionales forma parte de la política del régimen. No deja de blandir la amenaza de un amplio arreglo de cuentas –en el que los “sunitas” serían los “futuros dueños”- en caso de caída del régimen. Y el clan Assad hará todo lo posible –y ya lo ha hecho- para que se produzcan enfrentamientos confesionales, comunitarios. Es importante pues para las diversas fuerzas comprometidas en este titánico combate antidictatorial lanzar un mensaje: a pesar de los sufrimientos y las humillaciones soportadas, los actos de venganza indiscriminados están excluidos de todas las opciones de las fuerzas que luchan por el derrocamiento del tirano. Es una de las dimensiones de una orientación que tenga por objetivo ampliar el frente social y político, neutralizar ciertos sectores y debilitar la base, frágil ya, del régimen.
El cinismo de la llamada comunidad internacional no tiene límites. Los medios no dejan de disertar sobre los proyectos de resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. ¡Son bloqueados por Rusia (de hecho, el poder del kgbista Putin) y China (del “partido comunista” de China a quien se han presentado peticiones de ayuda para las economías occidentales)! Son numerosos los gobernantes que derraman lágrimas de cocodrilo sobre el “pobre pueblo sirio” y denuncian al “cruel déspota” Bachar al-Assad, tras haberle recibido con gran pompa o haber apreciado su papel en la región, al menos como un mal menor.
El lugar de la Siria de Assad en el “arreglo regional” plantea un problema diferente del de la Libia de Gadafi. Una gran parte de la puesta en escena diplomática oculta la dificultad para los diversos “actores” regionales e internacionales –en el contexto actual de crisis socioeconómica y de disturbios mundializados propios de un sistema de hegemonía política con fallas visibles- de definir las “vías de un cambio” que no conduzca a una pérdida de control y a procesos centrífugos en una región tan estratégica.
Estados Unidos parecen decididos. De hecho, la irresolución de las resoluciones escritas y reescritas –que deben ser presentadas en el Consejo de Seguridad- no les molesta demasiado. Ganar tiempo y poder dar conferencias de prensa “humanitarias” conviene perfectamente a la administración Obama. La caída de Mubarak y la presente situación en Egipto han modificado el puzzle construido por los Estados Unidos e Israel, desde al menos 1979. Las relaciones entre el Líbano de Hezbolá e Israel no son de una tranquilidad a toda prueba, lo que hace de la Siria de Assad una frontera más “segura” que la de un nuevo régimen sirio del que es difícil decir quien le “dirigirá” o tendrá la posibilidad de dirigirle. Las tensiones con Irán son un factor más, a fin de conservar, por el momento, un gángster que se conoce –Assad- o, mejor, piezas importantes, revisadas, de su máquina politico-securitaria. Lo que necesita tiempo para la maniobra. Pues debe ser efectuada de forma conjunta con diversos gobiernos que son recién llegados a esta arena regional. Qatar puede ciertamente financiar a los Hermanos Musulmanes en Túnez y en Egipto; añadir hoy a la lista los de Siria es una tarea políticamente delicada, incluso con apoyos externos. El despido, el 4 de febrero, del embajador de Siria en Túnez refleja –igual que la ocupación en El Cairo de la embajada siria, sin embargo relocalizada en “lugar seguro”, pero no protegida (!)- que la “revolución árabe” es un intérprete suplementario de los guiones que están escribiéndose en este año 2012.
Esto tanto más cuanto que Turquía querría también su parte del pastel y es capaz de obtenerlo. El poder ruso quiere estar seguro de conservar sus posiciones (instalaciones portuarias, entre otras), pero no puede jugar una carta ofensiva. Así pues, no puede más que bloquear una decisión del Consejo de Seguridad… que los occidentales no están tan apresurados a tomar –a pesar de que no sea más que un sencillo pedazo de papel- más allá de las sanciones económicas.
El juego complejo de injerencias –que ha hecho una gran parte de la historia de esta región- se efectúa pues, hoy, en un marco en que el dibujo del puzzle pasado está siendo parcialmente borrado, mientras que los contornos del nuevo dibujo no están aún definidos. De ahí la importancia de dar apoyo político a la lucha de ese pueblo en revuelta que cuenta con sus propias fuerzas y con la solidaridad; y también de oponerse a todas las intervenciones militares extranjeras.