miércoles, 4 de mayo de 2011

Cuba - La revolución cubana en una encrucijada

Guillermo Almeyra *

Revista Herramienta


Para el gobierno cubano y -los partidarios del llamado socialismo real, o sea, del sistema económico, político y social imperante en la ex Unión Soviética y en los países de Europa oriental o en China y Viet Nam- Cuba es socialista desde los años 60, cuando así la declaró por radio Fidel Castro. Para los enemigos de Cuba y del socialismo, en los gobiernos y en el sistema capitalista mundial, también lo es (como lo era la Unión Soviética) pero por obvias razones de propaganda antisocialista, o sea, para identificar el socialismo -que según Marx sería el reino de la democracia y la abundancia y de la agonía del Estado como poder por sobre los ciudadanos- con la escasez, el partido único, la fusión de éste con el aparato estatal, el decisionismo vertical desde el vértice de la burocracia estatal-partidaria. En cambio, para la ultraizquierda, que sólo conoce el blanco y el negro y se guía por el todo o nada, el carácter de clase del régimen existente en Cuba es igualmente claro: Cuba no sólo sería capitalista sino que también imperaría en ella "la dictadura de los hermanos Castro", apoyada en una burocracia totalitaria.[i]

La cuestión sin embargo no es tan simple. La revolución cubana fue posible porque formó parte de una revolución anticolonial a escala mundial y tuvo lugar después de la muerte de Stalin y en plena crisis del estalinismo, todo lo cual le dio una fuerza y una dinámica peculiar. La revolución antitotalitaria, democrática y antiimperialista iniciada con el asalto al Moncada y triunfante en enero de 1959 se fue depurando de aquellos de sus dirigentes que eran simplemente burgueses o pequeñoburgueses antibatistianos y estaban dispuestos a mantener la sumisión del país al imperialismo estadounidense -los cuales huyeron a Miami o se levantaron en armas y después cayeron presos- y, como respuesta a los ataques de los Estados Unidos y a la necesidad de profundizar el proceso (y de encontrar aliados internacionales), se declaró socialista por boca de Fidel Castro -y no por consulta o decisión de masas, aunque el apoyo a esa declaración fue muy grande-. La expropiación de las tierras de los grandes capitalistas y del imperialismo, la estatización del comercio exterior y de la producción, los intentos de planificación anticapitalista de la economía, base para el desarrollo económico y cultural de la isla, constituyeron el punto de partida anticapitalista de la lucha por el socialismo y de la transición hacia él y fueron y son los elementos no estrictamente capitalistas que permitieron hacer frente al aislamiento y la crisis y debilitaron la propiedad privada de los medios de producción, o sea, al sector capitalista propiamente dicho.[ii]


El capitalismo, sin embargo, subsistió por la relación de Cuba con el mercado mundial, por la vigencia de la ley del valor, que regía la economía cubana. El Estado surgido de la revolución cubana tuvo una dirección revolucionaria de clase media, que contaba con la simpatía pero no con el protagonismo de los trabajadores. Dicho aparato de Estado había disuelto el ejército de Batista y se apoyaba sobre las milicias y sobre el pluralismo dentro de la revolución expresado en la presencia en el gobierno de los militantes del Movimiento 26 de julio dirigidos por Fidel Castro, pero también de algunos ex miembros del Partido Socialista Popular (comunista) en ruptura con este partido que se había opuesto inicialmente a la revolución, de jóvenes estudiantes, en su mayoría católicos, del Directorio Revolucionario y de militares antibatistianos, todos los cuales integraron las Direcciones Revolucionarias Integradas que terminaron fusionándose en el Partido Unido de la Revolución, después transformado en Partido Comunista Cubano a mitad de los sesenta del siglo pasado.


De este modo la revolución no nació dirigida por el partido comunista local sino por la democracia radical; en su comienzo fue pluralista y se fue profundizando al mismo tiempo que, por la necesidad de contar con el apoyo de la URSS[iii] , comenzaban a penetrar en el proceso revolucionario ideas y métodos burocráticos de cuño estalinista. Los burgueses cubanos y sus servidores, por último, partieron hacia Miami poco después de aplastada la invasión de Bahía de los Cochinos. Cuba pasó a ser un país capitalista sin capitalistas -como calificaba Lenin a la URSS inmediatamente posterior a la revolución- y con un aparato estatal que luchaba por la construcción del socialismo en la isla y a escala mundial.[iv] Aunque Cuba no se contaba entre los países más pobres y atrasados de América Latina -por el contrario, en los '50 era el segundo en desarrollo después de la Argentina-, se encontró por diversos motivos obligada a centralizar el poder, reduciendo los márgenes de la democracia, y creando las condiciones para una vasta burocracia desde el inicio mismo de la revolución.
La burocracia a la cubana
Ese cuerpo nuevo fue el resultado de diversos factores. Por un lado, de la necesidad de defender la revolución sacando de la producción a los más enérgicos y mejores hombres y mujeres para crear un aparato de contrainformación y contraespionaje y un ejército numeroso y bien armado, ya que los atentados y las amenazas de invasión estadounidense y de guerrillas contrarrevolucionarias no permitían otra opción. Se puede decir, por lo tanto, que el bloqueo y la amenaza del imperialismo son un poderoso factor de creación, mantenimiento y desarrollo de una vasta burocracia improductiva pero necesaria sobre la cual se insertaron toda la serie de organizaciones derivadas del modelo militar y de defensa y de los armamentos procedentes de la Unión Soviética en los últimos años sesenta.


A ese importante factor se agrega la fuga de los técnicos y administradores con experiencia, lo cual obligó a sustituirlos por una camada de militantes llenos de voluntad pero bisoños y con pocos conocimientos y, por lo tanto, con baja productividad y escaso rigor en la organización del trabajo, lo cual infló el aparato de control partidario y productivo. Una buena parte de la burocratización hay que achacársela además a los errores voluntaristas iniciales, como la innecesaria y contraproducente estatización del pequeño comercio, del artesanado, de la distribución y los servicios, que hoy está tratando de corregir tardíamente el gobierno cubano al suprimir de la nómina estatal 500 mil personas[v] para lanzarlas al cuentapropismo y a la creación ab novo de cooperativas (sobre esto volveremos más adelante).

Pero la principal fuente de la burocracia fue la eliminación en nombre del centralismo de la participación de los ciudadanos en la adopción de las decisiones políticas, económicas y técnicas, las cuales quedaron en manos de los "especialistas" y tecnócratas, reduciendo así la creatividad, la socialización de las experiencias de los productores, el ahorro de materiales, la productividad, y semiparalizando todo en una maraña de reglamentaciones y pasos burocráticos aprendidos de la Unión Soviética. A la ineficiente tradición burocrática española, heredada por nuestros países y en particular por Cuba, la última colonia hispana en América, se le agregó la burocratización ultracentralizada importada del estalinismo, que la heredó a su vez del ineficiente zarismo. Y, por último, de modo general, la burocracia tiene por base la división entre trabajo manual e intelectual, propia del capitalismo, sobre todo en los primeros tiempos en los que el nivel medio de preparación de los cubanos era mucho menor que el actual, y la consiguiente división entre "los que saben" y deciden y los que simplemente ejecutan, también muy marcada en tierras de caudillos, como las nuestras.

El voluntarismo de Fidel Castro contribuyó también a este proceso al tratar de corregir burocráticamente, con organismos de control de los controladores, el caos y la parálisis resultantes de decisiones erróneas -como la copia de métodos capitalistas provenientes de la Europa Oriental o como la aventura, desquiciante de toda la economía, del intento de lograr a cualquier precio una zafra de 10 millones de toneladas o el deseo, a caro precio e insostenible, de tener la vaca lechera más productiva del mundo o la autosuficiencia en espárragos-. La fusión entre el partido y el Estado, al mismo tiempo, impidió que el primero controlase al segundo y lo burocratizó, mientras introdujo en el aparato estatal, donde siempre existe la necesidad de adoptar decisiones técnicas precisas, eficaces y sostenibles, una imprevisibilidad y discontinuidad desorganizadoras y desmoralizadoras para los productores que son, no hay que olvidarlo, también consumidores de productos básicos.


La baja productividad de los trabajadores cubanos y la exhuberancia del personal estatal tienen sus raíces en décadas de errores económicos graves, a partir sobre todo del momento en que el Che Guevara fue derrotado en la discusión sobre la orientación de la economía por el triunfo de la concepción burocrática defendida por el maoísta Charles Bettelheim, que no se diferenciaba mucho de lo que planteaban también los asesores del llamado bloque socialista. En ese marco, el más grave de todos esos errores fue creer -contra toda evidencia y contra las advertencias hechas ya en 1936 por León Trotsky[vi]- que la Unión Soviética sería eterna y, por lo tanto, que eterno sería también el intercambio favorable a Cuba de azúcar por petróleo en abundancia, sin tener en cuenta los precios del mercado mundial. Esos errores políticos y esa falta de capacidad teórica para juzgar a los regímenes y las economías que la dirección cubana consideraba "socialistas" y en los cuales formaba sus economistas "marxistas" impidieron aprovechar la ayuda del CAME (o Comecon) para desarrollar la infraestructura cubana y las bases para la autosuficiencia alimentaria en la isla. Por eso el derrumbe del llamado bloque socialista precipitó en Cuba la crisis profunda del período especial y provocó una caída, en un año, de más de un tercio del PIB.


Si en la isla la burguesía no volvió al poder mezclada con los viejos apparatchiks estalinistas fue porque la revolución cubana fue y es, antes que todo, una revolución independentista y antiimperialista y porque no había allí restos de burguesía, como en los países de Europa Oriental, y porque en Cuba la burocracia no era aún, antes de la gran crisis iniciada con el Período Especial en los ochenta, una casta burocrática cristalizada, con nivel de vida y aspiraciones capitalistas, como la de la URSS. El gobierno, además, no estaba aislado sino que gozaba, en cambio, del consenso logrado gracias a la firme e intransigente defensa de la independencia cubana frente al imperialismo y al notable desarrollo material y cultural logrado durante casi treinta años, entre 1959 y 1986; y la burocracia, que la influencia soviética por un lado inflaba y estimulaba, sufría al mismo tiempo la presión de los trabajadores cubanos, a diferencia de la Unión Soviética y de Europa Oriental donde la sociedad civil había sido aplastada y desmoralizada. La actual burocracia, por otra parte, tiene diversas capas. Una, que trabaja con las ideas y la creación artística y literaria, siente más y refleja mejor las presiones democratizadoras y antiburocráticas de la sociedad y comprende mejor la necesidad de un cambio urgente en la economía y la vida política. Una parte de esta capa está influenciada por la idea de la generalización del mercado libre mientras otra, mucho menor, cree en la necesidad de una profundización del curso hacia el socialismo, recurriendo a la autogestión social generalizada. Otro sector de la burocracia, el ideológico, conservador e improductivo y reaccionario, busca mantener el statu quo ante del cual desprende sus privilegios y se abroquela en el partido, en una lucha perdida de antemano porque éste está fusionado con el Estado, que debe cambiar debido a los imperativos económicos y sociales. El sector militar, a la vez ideológico y productivo, ya que las fuerzas armadas garantizan la producción estratégica cubana, tiene privilegios y poderes mayores y tiende a alianzas con la tecnocracia. Esquematizando, la propuesta de este sector sería un Estado a la vietnamita o china, con un fuerte poder tecnocrático-militar y un partido único, que dirige un libre mercado burocráticamente controlado. Por último, en todos los sectores del aparato (intelectuales, burócratas partidarios, tecnócratas) existen los que in pectore se preparan para una "solución" similar a la de sus colegas de Europa Oriental, transformándose en capitalistas, sobre todo en el caso de una gran apertura al turismo y a las inversiones provenientes de los Estados Unidos.
Desde los ochenta hasta la actualidad
El derrumbe inglorioso y sin disparar un tiro de la Unión Soviética y su enorme y absolutamente impotente y corrompido partido comunista de 18 millones de miembros, así como el de los países del "socialismo real" y la inmediata transformación de los burócratas de esos países en capitalistas, apoderándose de modo mafioso de las empresas que antes administraban, o en socialdemócratas, tuvo enormes consecuencias en Cuba.


En primer lugar, ese proceso dio un golpe muy duro a la pretendida infalibilidad de la dirección del partido comunista cubano y del Estado, desde Fidel para abajo, al mismo tiempo que modificó profundamente la relación de fuerzas internacional, desmoralizando a sectores de la población y sobre todo del aparato burocrático. La brutal caída del Producto Bruto Interno y la necesidad de recurrir al turismo y a las inversiones extranjeras dispuestas a ignorar la ley Helms-Burton y el bloqueo llevó a muchos funcionarios y dirigentes partidarios a buscar "arreglarse" por su propia cuenta, en lo económico y en cuanto a la obtención de un seguro clandestino e ilegal para lo que pudiera venir, utilizando para ellos sus cargos y poderes. Al mismo tiempo generalizó el robo, la corrupción, la prostitución, el trabajo a desgano porque los salarios no alcanzaban y se tornaban ínfimos, ridículos, y porque los mecanismos de asistencia -y los salarios indirectos de todo tipo, como la educación, la salud, los subsidios a los alimentos, la libreta para comprar productos básicos- perdían constantemente calidad, se degradaban o desaparecían. El lujo ostentado de los inversionistas y turistas, el mercado especial para ellos, los irritantes privilegios de que disponían a la vista de todos -ir a los mejores hoteles y las mejores playas, donde no iban los cubanos, poder moverse libremente- crearon por su parte una sociedad de dos velocidades, o en dos capas. Una dolarizada y fuerte, promotora del capitalismo por su ejemplo de hedonismo y de consumismo y otra, desprovista y pagada en pesos por un Estado que perdía jirones de independencia y soberanía. En el medio, una burocracia cuyos sectores más fuertes están ligados a la primera capa mientras los más pobres sufren los problemas de la segunda, de la mayoría. Para colmo, quienes habían optado por construir la revolución y no por emigrar se encontraron con que los parientes de los contrarrevolucionarios o de los individualistas emigrados para prosperar contaban con dólares y apoyos mientras ellos debían contentarse con sus magros sueldos.


Desde los años 80 hasta hoy Cuba está dividida grosso modo, horizontal y generacionalmente, en dos grandes bloques: los que conocieron el período anterior a 1959 y las luchas revolucionarias inmediatamente posteriores y los que en cambio nacieron en la crisis económica aparentemente interminable y en ella se formaron, con el agravante del derrumbe del sostén soviético a la isla y del desgaste moral producido por la transformación de la isla en paraíso para el goce ajeno. Cuba es un país donde la juventud constituye la minoría de la población pues la expectativa de vida, como resultado de los progresos en la educación y en la sanidad, se eleva continuamente y la natalidad, como consecuencia de la crisis, se reduce. Pero la juventud es el futuro. Y ese futuro está hipotecado porque en las ciudades buena parte de la juventud, sobre todo en las familias más pobres, cree en una solución individual, incluso sueña con la expatriación, no persigue ninguna utopía. En el campo, donde hay menos contacto con el turismo y su influencia deletérea y con el consumismo, y son mucho menos visibles las desigualdades y loa privilegios, la juventud se diferencia de la ciudadana, pero Cuba es un país esencialmente urbano con enormes extensiones de tierra baldía. Es un país rural, pero sin campesinos ni suficiente producción de alimentos y otros productos rurales.


El mercado negro es como ácido que disuelve la economía cubana, porque los burócratas que desean hacer refacciones en su casa saben que el electricista, el plomero, el albañil trabajarán con herramientas y materiales robados al Estado, como robados al Estado son los falsos remedios afrodisíacos o los malos puros que se venden a los turistas por las calles o los alimentos vendidos en los "paladares".


Lo cierto es que la actual situación no puede seguir, ni puede subsistir una economía con dos monedas oficiales paralelas (el CUC y el peso) y otra, decisiva y omnipresente, el dólar. Cuba está en una encrucijada: o va hacia el capitalismo, como dependencia semicolonial de los Estados Unidos, o avanza audazmente y se renueva por el camino del socialismo.


Pero aclaremos: no se trata de una oposición entre mercado y construcción del socialismo, porque las concesiones al mercado son obligatorias y legítimas cuando hay que asegurar el abastecimiento y la sobrevivencia de la gran conquista de la revolución antiimperialista mundial que fue y es la revolución cubana. Además, mercados hubo en la historia antes del capitalismo y los habrá después de él en los regímenes de transición que podrían sucederse durante más de un siglo hasta el derrumbe mundial del capitalismo. El asunto es si el mercado libre dirige la sociedad o si ésta dirige y controla el mercado y da su lugar a las inversiones capitalistas extranjeras, portadoras de know how y de innovación.
La vía de la autogestión
Hagamos un poco de historia. La autogestión, en Aragón, durante la Revolución española, duró demasiado poco y por eso no pudo demostrar otra cosa que la posibilidad de extender al máximo la democracia de los productores-consumidores-ciudadanos. La autogestión yugoslava fue una autogestión a medias, por su origen y su desarrollo.


En efecto, por un lado, fue organizada desde el poder central por Edouard Kardelj después de un primer intento de imitar el modelo económico burocrático centralizado del estalinismo, que se interrumpió cuando Stalin expulsó del Cominform y quiso borrar del mapa a Tito y su partido, hasta entonces ejemplos de estalinismo, pero que buscaban crear una Federación Socialista balcánica escapando al control total que pretendía imponer Moscú a los gobiernos y partidos comunistas. Por otro, fue una autogestión deformada desde su origen mismo por la dependencia del partido (la Liga de los Comunistas Yugoslavos) y por el nacionalismo y el federalismo burocrático y a la vez localista de las distintas repúblicas que llevó al estallido de la Federación yugoslava.


Las empresas en la autogestión yugoslava podían elegir sus directores, pero teniendo en cuenta las sugerencias del partido y sólo con la venia de éste y podían decidir sus planes de producción y de inversión, su tecnología, los salarios, pero el Estado controlaba los insumos, y la producción y la comercialización estaban fijados por el mercado, con el control caro y redundante de las distintas repúblicas federales. El justo principio de la federación estaba deformado por la existencia de un partido único burocratizado por el nacionalismo puntilloso de cada república e igual cosa sucedía con el principio justo de la autogestión.


En cuanto a la autogestión en la Argelia independiente dirigida por Ahmed Ben Bella duró poquísimo y fue asfixiada por el control del aparato del Estado sobre las empresas agrícolas que intentaron desarrollarlo sin contar con apoyo técnico ni créditos. Las experiencias posteriores -en la fábrica de relojes Lipp, así como recientemente en Philips, en Drouet, Francia, o las fábricas recuperadas en la Argentina, Brasil, Uruguay, Venezuela- han sido o son, más que experiencias de autogestión, ejemplos de control obrero en empresas de propiedad capitalista o con propiedad en disputa. En efecto, excepto por la organización del trabajo y la fijación de los salarios, funcionan como antes porque obtienen sus insumos de todo tipo en el mercado capitalista, venden los mismos productos que vendía el antiguo patrón en el mismo mercado y dependen de la obtención de un status particular que les otorga el aparato estatal -expropiación por causa de utilidad pública, comodato, organización como cooperativas para no pagar impuestos o, como en el caso del proyecto de ley argentino en discusión, de una protección especial mediante créditos muy baratos y aportes técnicos-.


En Cuba, hoy, el gobierno se ve obligado por la crisis mundial a hacer continuas concesiones al mercado capitalista y encara ahora el desarrollo de la agricultura y de los productos para la alimentación sobre la base de una miríada de pequeños agricultores privados. Al mismo tiempo, trata de reparar con un retraso de cincuenta años el error cometido al haber estatizado junto con los ingenios y empresas imperialistas todo el pequeño comercio y decenas de miles de empresas artesanales. Y, ante la necesidad de dar trabajo al millón de trabajadores que califica de "excedentes", aparentemente, según sugieren los artículos nostálgicos de Juventud Rebelde sobre las fondas habaneras, está encarando la posibilidad de permitir y apoyar la creación de cafés, casas de comida, heladerías, zapaterías y otros trabajos privados por cuenta propia, controlándolos mediante impuestos.


De este modo el sector de las empresas estatales debería convivir y competir por los recursos en el mercado capitalista con un vastísimo sector de pequeños productores agrarios y otro igualmente enorme insertado en los intersticios del mercado. De hecho, ya existe un sector de la sociedad que no trabaja con la moneda nacional y está ligado al dólar y, puesto que la economía ya está desquiciada y los controles estatales no son ni efectivos ni eficaces, una nueva política económica más apegada a la realidad social no aumentaría mucho los peligros -grandes- que ya enfrenta Cuba y podría eliminar algunos.


A condición, sin embargo, de realizar economías de escala y de elevar la productividad mediante cooperativas de compra, de comercialización, de preparación técnica, de crédito con los cuentapropistas. Y sobre todo de poner en marcha la autogestión generalizada que permita que los productores-consumidores conozcan y reorganicen los recursos en el territorio, reduciendo la burocracia y elevando la responsabilidad colectiva y la moral de trabajo, así como el índice de participación y de democracia en el país.


La autogestión, lejos de ser un posible lujo de los países ricos, puede ser una formidable fuerza productiva multiplicadora ya que pone en marcha la creatividad y el sentimiento de responsabilidad de quienes sienten que deciden en su vida cotidiana y aportan a todos, con todos. En un mercado capitalista y en la escasez que acentúa los problemas sociales, crea además lazos solidarios y conciencia colectiva, indispensables para contrarrestar la tendencia al "primero yo" y al hedonismo que introduce el capitalismo y la corrupción de la burocracia. Ésta, por supuesto, se opondrá a la autogestión, que le quita protagonismo y privilegios y la controla. Precisamente por eso, si se quiere mejorar la producción y, al mismo tiempo, preservar la democracia, hay que darle espacio a la autogestión y espacio al "partido" que impulsa el socialismo frente al "partido" del conservadurismo.


Previsiblemente, la crisis mundial a -la que se agrega el criminal bloqueo estadounidense- aumentará aún más su peso sobre la isla, reduciendo el turismo e incluso las remesas de los cubanos emigrados. Las dificultades crecientes de la economía venezolana así como el agravamiento de los desastres climáticos son también factores que hay que tener en cuenta cuando se piensa en cómo sacar del actual pozo a la economía cubana y en cómo reducir las tensiones sociales y políticas en un país que está instalado en una crisis profunda desde hace más de veinte años (la vida de una entera generación) y que no ve en el horizonte ni cambios reales ni objetivos alentadores sino sólo una dura lucha por la supervivencia dirigida además por el mismo sistema y por los mismos cuadros que ayudaron a llegar a la actual dramática situación o que no supieron cómo evitarla.


Para salir de esta crisis, que se agrava con la crisis mundial pero se viene arrastrando dese hace decenios por causas específicamente cubanas, se necesita tensar todas las fuerzas de la población, recurrir a su capacidad creativa, su cultura, sus conocimientos, movilizarla como protagonista de todas las decisiones, como patrona de su propio destino, darle como objetivo la igualdad, la participación plena y creativa. En una palabra, dejar de tratar a los cubanos como súbditos y reconocerlos como ciudadanos plenos, movilizando su voluntad, su conciencia, su voluntad de socialismo, no detrás de huecas consignas desgastadas sino en pos de objetivos democráticos y autogestionarios para que por Estado no se entienda un aparato por sobre la sociedad y que pretende controlarla sino la gestión colectiva de los ciudadanos en primera persona.


La democracia no es un obstáculo en el trabajo de los especialistas, burócratas y tecnócratas: es una necesidad vital para aumentar la producción y la productividad y lograr nuevas invenciones colectivas. ¿Quién discutió previamente las actuales medidas para salir de la crisis que permiten vender propiedades en Cuba, por 99 años, a extranjeros, cuando los cubanos mismos no pueden comprarlas; que decide construir gran cantidad de campos de golf de 18 hoyos (para extranjeros), costosísimos en agua y en esfuerzos, que eliminan totalmente el magro subsidio por desocupación o la gratuidad de los entierros? ¿La Asamblea Nacional, que sólo se reúne siempre a posteriori para refrendar las decisiones del vértice partidario? ¿Un congreso o una conferencia del partido, siempre postergados pues ese partido único, en el que milita lo mejor y también lo peor del funcionariado cubano, está fusionado con el aparato estatal, no tiene objetivos diferentes de éste y a él está subordinado y, por supuesto, no controla en lo más mínimo a los dirigentes del Estado-partido? ¿Los llamados sindicatos, que en vez de ser la voz de los trabajadores frente al aparato estatal son simplemente una parte de la burocracia estatal, al extremo de ser incapaces de decir una palabra frente a la pérdida de grandes y viejas conquistas, de evaluar las políticas del Estado, de formular propuestas y contrapropuestas surgidas de asambleas democráticas en las empresas?
¿Por qué no se discuten las medidas gubernamentales en cada empresa, en cada barrio, en cada comunidad campesina? ¿Por qué no se escucha la voz y las sugerencias de quienes deberán sufrir las consecuencias de dichas medidas y, al mismo tiempo, deberán poner el hombro para sacar al buey del barranco?


Una crisis es una oportunidad de cambiar. En vez de recurrir fundamentalmente a un hipotético turismo o inversionismo de lujo, ¿por qué no discutir cuáles inversiones productivas son hoy necesarias y deben ser permitidas al capital privado, por ejemplo, en la producción agroalimentaria y la distribución de los alimentos en la isla?


En vez de centralizar una vez más, ¿por qué no descentralizar y dar poder de decisión y de organización a nivel territorial, horizontal, a los productores y poner a su disposición insumos y medios de transporte?

El combate a la burocracia no consiste sólo en reducir el número de funcionarios redundantes o improductivos y de reglamentaciones absurdas: consiste en cambio fundamentalmente en trasladar el poder de información y de discusión a los ciudadanos, que son usuarios-productores-consumidores atados por esa burocracia.


La democracia, la autogestión, la planificación desde el territorio y desde los lugares de producción, la libertad de opinar, disentir, expresarse, informarse, son indispensables si se quiere sacar a la población de una desmoralizante y creadora de apatía resignación ante las decisiones que llueven desde el vértice del Estado tal como llegan los huracanes.

Repetimos: la vía china o vietnamita son irrepetibles en Cuba no sólo por razones demográficas, históricas, culturales sino también porque esa es una salida que sólo se podría encarar abriendo completamente el país al capital y la intervención de los Estados Unidos y eliminando lo que queda de la revolución para que acabe el bloqueo y lleguen inversiones masivas.

Cuba nunca fue socialista, aunque sí luchó por aportar a la construcción del socialismo en la isla y en el mundo. Pero su revolución democrática, antiimperialista, de liberación nacional, fue importantísima para la isla y para todo el continente y, aunque está estancada desde hace rato porque no puede profundizar su curso y, por el contrario, retrocede, sigue siendo la garantía de la independencia nacional y es la base del consenso político que aún mantiene el gobierno, sobre todo entre las generaciones más viejas, que conocieron el pasado y no quieren retornar a él, como lo expresa claramente Silvio Rodríguez. Es suicida enterrar los restos de revolución para atraer inversionistas. Por el contrario, hay que reanimarla con un gran cambio, sobre la base de la descentralización y la planificación hacia arriba de necesidades y recursos desde el territorio, sobre la base de la democracia de la población organizada en comités de empresa y consejos locales, de la autogestión social generalizada, de la libre organización, la eliminación de la autocracia y la burocracia y de la extensión al máximo del poder de los productores.

* Guillermo Almeyra, marxista argentino que vivió durante muchos años en México. Doctor en Ciencias Políticas y Master en Historia, recibido en la Universidad de París VIII, enseñó Política Contemporánea en la Universidad Nacional Autónoma de México y en el Posgrado Integrado en Desarrollo Rural de la Universidad Autónoma Metropolitana de México, donde se especializó en movimientos sociales y en las consecuencias de la mundialización. Es editorialista y comentarista internacional del diario La Jornada.

Notas

[i] Mercedes Petit, "Ajuste a la cubana", 11/09/2010, Unidad Internacional de los Trabajadores.
[ii] Estatización, contra lo que muchos creen, no es sinónimo de socialismo -el México de Cárdenas, la Argentina peronista, por no hablar de la Italia de Mussolini, tenían un alto grado de estatización- como no lo es tampoco el monopolio estatal del comercio exterior. Son, sin embargo, a medio y largo plazo incompatibles con el capitalismo. Pero el problema reside en quién controla el aparato del Estado que aparece como "propietario" colectivo de lo estatalizado. Si no lo controlan con sus organismos los trabajadores, lo hará una burocracia que usufructuará el poder de ese Estado capitalista sin capitalistas y que funcionará como semillero de la reorganización de la clase capitalista a partir de los advenedizos en el poder estatal o mediante la mezcla entre éstos y algunos de los viejos dueños del capital. El Estado es una relación de fuerzas social y, en segunda instancia, un aparato que la concretiza, no es un sujeto social.
[iii] Que fue concedido sólo dos años después del triunfo de la revolución en enero de 1959.
[iv] A pesar de que Fidel Castro proclamó un buen día que Cuba era socialista, había conciencia en los revolucionarios de que, en realidad, el país emprendía el largo y tortuoso camino de la construcción del socialismo y de que éste no es posible en un solo país, y menos aún en uno poco poblado y con escasos recursos, situado además a 150 kilómetros de la primera potencia capitalista mundial.
[v] Que representan el 20 por ciento de la Población Económicamente Activa, pero a las cuales se sumarían otras 500 mil más, con lo cual se llegaría al 40 por ciento de la misma.
[vi] En La Revolución Traicionada, traducción de Andreu Nin, edición de Juan Pablos editor, México (2000). El libro fue publicado en ruso sólo en 1991.

martes, 26 de abril de 2011

EL HUMANISMO según la filosofía

Por: Hernán Montecinos

En las escuelas nos enseñan que el humanismo es un movimiento cultural cuyo origen proviene de los intelectuales del Renacimiento los que renovaron el estudio de las lenguas y literaturas antiguas. Estos estudios se encuentran referidos al periodo helenístico. A este propósito el diccionario de la Real Lengua Española define el humanismo a través de tres ideas:

1.- Cultivo o conocimiento de las letras humanas.

2.- Movimiento renacentista que propugna el retorno a la cultura grecolatina como medio de restaurar los valores humanos.

3.- Doctrina o actitud vital basada en una concepción integradora de los valores humanos.

A decir verdad no todos podríamos estar tan de acuerdo con las ideas contenidas en estas definiciones. Quizás, desde el campo de la filosofía, la última definición se encontraría más cerca de lo que debemos entender como humanismo, teniendo presente que representa una definición más omniabarcadora, no reductiva ni limitada sólo al campo de las letras o a un periodo determinado de la historia.

Más allá de esta definición, desde otras fuentes, el humanismo nos ha sabido entregar innumerables otras definiciones. Sin embargo, la filosofía, -siempre desconfiada de las definiciones, cualquiera sea su fuente-, encuentra que éstas, por lo general, son limitadas, reductivas, no siendo lo suficientemente omniabarcadoras, cuestión a lo que la filosofía apunta como objetivo central en aquellos campos en que incursiona.

El filósofo cubano Pablo Guadarrama a este respecto señala que algo más apropiado sería concebirlo a través de la idea-fuerza contenida en la definición que nos entrega García Galló como “un conjunto de ideas que destacan la dignidad de la persona, la preocupación por su desarrollo armónico y la lucha por crear condiciones favorables al logro de tales fines”. En este caso, según Guadarrama, “se acentúa mucho más el carácter activo del hombre como sujeto transformador de sus condiciones de existencia en correspondencia con ideales de vida dignos”.

De otra parte, el filósofo Nietzsche va mucho más lejos, al señalar que en la filosofía no resulta muy propio entregar definiciones para explicar cada tema que se aborda. Si la filosofía trata de definir, en este punto Nietzsche nos advierte el peligro de caer en esta impronta. Antes que definir, Nietzsche prefiere hacer una aproximación al concepto de cada campo que aborda, lo que es cosa bien distinta. Esto porque si definir es “indicar de manera precisa”, y definición es enunciación de “cualidades que deben ser claras”, ¿cuáles de las tantas definiciones que se han dado hasta el día de hoy al humanismo reúnen las condiciones de ser claras y precisas?. No es la noción de precisión y claridad, según Nietzsche, lo que más le acomoda a la filosofía, en tanto la considera como investigación, interrogación e interpretación de los fenómenos y las cosas. Por ello Nietzsche en el campo de la filosofía, prefiere hacer una aproximación al concepto del tema a tratar, teniendo a la vista que concepto es “juicio” u “opinión” sobre un objeto.

En efecto, en la actualidad se empieza a tener la percepción que el humanismo es un concepto filosófico antes que una forma histórica de existencia o que un ideal meramente particularista de la conducta. Es, por tanto, un conocimiento valorativo del hombre destinado a sustentar el espíritu de una cultura que no se detiene en un determinado tiempo histórico (Renacimiento), ni tampoco en una determinada estética o una religión antropomórfica, ni en el iluminismo de una elite intelectual que pierde su vitalidad cuando se desvanece el espíritu que lo ha representado.

Desde este punto de vista, el humanismo no es un concepto puro de por sí dado al cual nada habría que agregar. Al contrario el humanismo, aún pese a elucubradas precisiones y definiciones enciclopédicas, jamás ha sido definido con rigor porque siempre se lo ha aceptado como una idea sobreentendida una idea flotante en un confuso sentimiento de naturalismo arcaico.

Por eso, al margen de consideraciones de épocas o de determinada cultura, podemos decir que la preocupación por el hombre es en sí mismo la idea fuerza que ha dado origen a lo que hoy conocemos como humanismo. Cuando el hombre empezó a darse cuenta de su propia humanidad es cuando aparece el humanismo en toda su plenitud. Un humanismo que, entendido en su sentido más amplio, significa un conjunto de actitudes e ideas que hacen del hombre el objeto preferencial de sus reflexiones desde los periodos más remotos hasta los más contemporáneos.

Mirado así, presenta un largo recorrido a través de la historia desde sus manifestaciones más remotas hasta la problemática condición que exhibe en el tiempo contemporáneo. De ello, podemos visualizar persistentes manifestaciones humanistas que van desde el denominado humanismo clásico al humanismo renacentista sin dejar de considerar, por cierto, sus múltiples denominaciones y categorías ya sean anteriores, intermedias y posteriores.

Sus orígenes

Como está dicho, la noción que hemos logrado captar sobre el humanismo, proviene de los espíritus del Renacimiento los que nos impusieron la idea de que las antiguas formas de vida de Grecia traducidas por su literatura y estética, estaban destinadas a ser la expresión exhaustiva del humanismo universal.

Eso es lo que hemos venido asimilando hasta ahora, lo que ha logrado convertir poco a poco el humanismo en una suerte de conocimiento de letras exhumadas, remontadas desde un origen helénico. Así, hemos entendido el humanismo como un vasto movimiento que comenzó en el siglo XV y que puede caracterizarse por un retomo al estudio de los textos antiguos olvidados, ignorados o despreciados (¿) durante el largo periodo de la Edad Media.

A partir de esta idea se acostumbra a decir que el descubrimiento de los autores clásicos determinó, por una parte, el final de la Escolástica y por otra, un vigoroso despertar de las ciencias y las artes designado con el nombre de Renacimiento. Se agrega, por ello, que el humanismo fue el prólogo y la causa del Renacimiento. Sin embargo, no se necesita conocer muy a fondo la Edad Media para que nos asalte la duda sobre la superficialidad de este criterio, porque durante todo el periodo del Medioevo, el asunto de los manejos de los autores clásicos fue cosa corriente en los conventos. La Edad Media no sólo conoció gran parte de los textos griegos y muchos de los latinos, sino que se acercó a éstos con bastante ocurrencia. Incluso más, gracias a la paciente, tesonera y perseverancia de los curas en los conventos, se debe el rescate de muchos importantes textos de la Antigüedad helenística, las que fueron restauradas, conservadas y traducidas por los monjes copistas que llevaban una vida monástica encerrados en sus conventos.

Para el caso, Anibal Ponce (Humanismo burgués, humanismo proletario) hace una distinción al respecto: La oposición del Renacimiento a la Edad Media no reside en textos más o en textos menos; el conflicto es muy profundo y se vincula a la manera cómo, en uno y otro caso, la Antigüedad ha sido interpretada. “Para la Edad Media feudal la herencia legada por la Antigüedad debía ser recogida e integrada por la nobleza y la Iglesia católica; para el Renacimiento burgués esa misma herencia debía ser asimilada en detrimento de la nobleza y de la Iglesia y en conformidad con los intereses y las aspiraciones de una nueva clase social que en sazón juvenil empezaba a moverse de manera impetuosa”

Gentile, incluso, nos aporta otra interesante arista al exponer la idea que la orientación general del Renacimiento es algo distinto a la del humanismo, porque el humanista se encierra en el estudio y en la celebración de lo que es estrechamente humano; el hombre del Renacimiento, en cambio, gira la mirada fuera del hombre y abraza con el intelecto la totalidad del mundo en el cual el hombre vive y del cual forma parte. El punto de vista es el mismo pero tan amplio que comprende toda la naturaleza.

Desde otro punto de vista, Anibal Ponce, señala que no pueden llamarse humanistas aquellos que no supieron hacer del conocimiento de las letras y arte greco-romano, un conocimiento más generalizado, sino que, al contrario, un pensamiento que se pierde en la individualidad o queda encerrado dentro de los marcos puramente elitistas. Señala, como ejemplo, un severo cuestionamiento respecto de Erasmo, considerado el más grande de los humanistas, señalando que: «para Erasmo, pues, las grandes cuestiones que interesan al mundo no debían ser discutidas sino por las élites». Y pone énfasis en este último punto por ser una creencia generalizada en la «entraña del humanismo burgués».

Y no deja de tener razón desde el momento que Erasmo, considerado además el primero de los «intelectuales», da un ejemplo de abdicación frente a su actitud respecto de las masas. Porque, a fuerza de sacrificio, Erasmo había conquistado una situación excepcional. A fuerza de estudio, de labor, de vigilias, el humanista de la burguesía había arrancado al teólogo el privilegio de una cultura que hasta entonces sólo la Iglesia usufructuaba. Más, tan pronto se encontró en posesión de esa cultura, el «intelectual» no quiso arriesgar con un gesto de intrepidez el goce de un privilegio que quería disfrutar en la tranquilidad y el egoísmo Para defenderlo propuso la formación de las élites; para no comprometerlo en el tumulto proclamó a todos los vientos que la inteligencia está por arriba y que a la verdad le basta con ser enunciada para imponerse sin esfuerzos.

Existen demasiadas evidencias para concluir que la absolutización del concepto venido desde el mundo del Renacimiento no es nada de exacto o, a lo menos, nos deben merecer serias dudas. Pues, por ejemplo, el hombre nunca fue tan libre en Grecia y, desde el punto de vista del actuar y sentir humano, el humanismo helénico se constituyó como expresión sólo de una élite intelectual minoritaria antes que la determinación del espíritu de un pueblo o una raza.

Visto así, el concepto de humanismo aparece un poco falso porque dicho de buen modo, el humanismo ni siquiera es privativo de una sola raza, ni de una época, ni tampoco de un sólo pueblo menos aún, de una clase social minoritaria o de una élite intelectual específica. La tendencia humanista o, mejor dicho, la valoración del hombre como ser fundamental del mundo y elemento constitutivo de la sociedad, ha nacido con el hombre mismo desde su origen más remoto, anterior a la civilización más antigua hasta ahora conocida.

En el sentido más amplio, el fenómeno humanista no puede ser considerado sólo a la luz de ciertas expresiones que arrancan del mundo clásico, sino que sus raíces se hunden en el suelo abonado ya por las más antiguas sociedades. Por eso, los estudios y teorías más nuevas sobre el humanismo tienden a aceptar que emerge paralelo con el estadio de desarrollo del hombre que lo determina y especifica como un horno sapiens.

A su modo, hasta el hombre más prehistórico ya fue un humanista. El sólo hecho de enterarse de su condición mortal le hacen construir estímulos para los que mueren, ofreciendo ofrendas y ritos y también erigiendo túmulos para eternizar las almas de los que mueren. Son numerosos los datos y hechos históricos más ancestrales que dan cuenta de la diversidad de ritos para los momentos de los sepultamientos. Esto es algo que el hombre ha hecho desde que salió de su estado puramente salvaje para tornarse humano hace ya muchos miles de años atrás. Así, sin tener aún la capacidad para conceptualizar lo que estaba haciendo, en estricto rigor, con sus actos, el hombre en esas épocas ya era eminentemente un ser humanista.

Desde este punto de vista, una historia del humanismo debe de tener en cuenta las manifestaciones expresadas en las civilizaciones más antiguas. En este sentido, tener presente que el arte ha jugado un papel decisivo para la expresión humanista de ese remoto tiempo. Porque no debemos olvidar que el arte siempre ha sido expresión plástica de una inquietud enteramente humanista, no por nada, el arte egipcio trasluce en su fondo un conocimiento del alma por el gesto o una inmersión en el espíritu por el ritmo. En su expresión estatuaria, encontramos ya con entrañable energía una noble y profunda preocupación por el hombre. En su expresión más fecunda, la inspiración más alta del arte egipcio la suministró el propio habitante del valle del Nilo, con su psicología agobiada puesta de manifiesto en un rostro sin sonrisa que parecía traducir la infinita tristeza de la vida. En dicho arte, qué duda cabe, se expresa ya el humanismo; si se quiere, un humanismo representado, pero humanismo al fin y al cabo.

Entonces, el humanismo ni siquiera comienza en la remota civilización egipcia con un arte dueño ya de un sentimiento avanzado de nuestro semejante como modelo plástico o como enigma interior. Comienza realmente en el limbo del hombre prehistórico, cuando éste exalta a través del aparato sombrío de su magia la importancia de su ser, puesto en relación con las divinidades groseras pero supremas de sus fetiches.

Además, el día que el hombre grabó en las paredes de las cavernas la primera silueta de su semejante, se encendió en el mundo la primera antorcha humanista. Y también, el día que se inclinó ante las primeras imágenes divinas para ofrendarle la potencia interior de su ser, cobra la primera autoconciencia de sí mismo al lograr superar su milenaria condición de estado salvaje más primitivo. En ese momento sintió que lo humano se asociaba al principio de una categoría, porque el humanismo ha sido siempre, ya se manifestara en la magia, en la religión, en el arte o en la política, una noción de la propia importancia traducida en representaciones, pensamientos y gestos.

Aclarado este punto, digamos que el humanismo apareció como concepto del momento mismo que surgió como una reflexión consciente del hombre sobre su propia condición. En tal sentido, si debemos admitir que el humanismo como “concepto” es un producto de la civilización griega, lo que conocemos hoy como humanismo clásico. Sin embargo como “hecho empírico” el humanismo surgió ya en las civilizaciones más primitivas. Como concepto lo empiezan a desarrollar ya los sofistas, constituyendo Protágoras su expresión más alta, en tanto refería al hombre como «la medida de todas las cosas». Sin embargo, para muchos tratadistas, su plenitud clásica se encuentra representada por las ideas filosóficas de Sócrates, al postular éste como centro de su filosofía al hombre mismo, señalando sobre el particular que «una vida no examinada no vale la pena vivirla».

Por cierto, si bien antes de Sócrates hubieron otros filósofos, éstos en su mayoría habían sido filósofos de la materia; habían inquirido sobre la naturaleza del mundo físico, de las cosas externas, los componentes y las leyes del mundo material. Sócrates no dejaba de apreciar que dichos temas eran sumamente importantes, pero sostenía irreductiblemente que había un tema para los filósofos mucho más digno y mucho mayor que todos los árboles y las piedras y, aún de las estrellas y de cualquier otra materia, y tal tema no era otro que el espíritu del hombre, esto es, lo que es el hombre y lo que puede llegar a ser; «conócete a ti mismo» es una de sus máximas más conocidas.

Sin embargo, es con el Renacimiento italiano que el humanismo clásico se reconstituye en forma más empírica y pujante. Situado sus orígenes a finales del siglo XIII, su forma más plena empieza a desarrollarse con Petrarca.

En una segunda etapa, desde la mitad del siglo XV, en Florencia, y con los Médicis, el humanismo genera una nueva cosmovisión. Se hace sentir al hombre como lo sentía Protágoras. La vida empieza a entenderse como la oportunidad para manifestar la capacidad de excelencia que tiene el hombre así como la posibilidad para una ilimitada producción de belleza y goce de lo hermoso. En el humanismo renacentista se acentúa el ideal de la forma, el aspecto estético de lo humano, ambos relacionados con el concepto de la personalidad individual plena, expresión de una vida bella, modelada corporalmente por el ejercicio físico y exornada por una refinada cultura espiritual, rasgos predominantes en la época clásica griega.

El humanismo renacentista, superando lo puramente filosófico, lo religioso o lo espontáneo, expresa ahora un humanismo más empírico, es decir, un humanismo que se relaciona con la mayoría de las actividades humanas, especialmente, en distintas manifestaciones artísticas y motivaciones intelectuales de diversa índole. Toma impulso la idea de la dignidad del hombre en cuanto ser que edifica su propia vida de forma autónoma y arbitraria y está llamado a ser dominador supremo y absoluto de la naturaleza y de toda esfera de la realidad terrena.

Del humanismo moderno al contemporáneo

Al postular la Ilustración que el hombre gracias a su raciocinio encuentra fácilmente el modo para realizar el bien a su semejante, está señalando el humanismo más optimista de la época moderna. Este humanismo se encarnará en la doctrina liberal, en las ideas democráticas y la fe en el progreso, ideas dominantes en el siglo XIX; y, aún en las del siglo presente. Por lo mismo, el humanismo de la Ilustración influirá sensiblemente en la formación de las concepciones sociológicas posteriores.

Sin embargo, las expresiones optimistas heredadas de la ilustración sufren su más grande crisis con las ideas filosóficas de Nietzsche. La fe en el hombre es ahora repudiado radicalmente. Religión y moral, como expresión suprema de la humanidad del hombre, no son más que pruebas de lo vil, mezquina y servil que es la naturaleza humana. Nietzsche, explícitamente señala que «el hombre debe ser superado»; en estas palabras Nietzsche resume el naufragio de toda posibilidad del hombre aquí en la tierra. No en vano se proclama como el «primer inmoralista», señalando que lo último que se le ocurriría hacer, sería «mejorar la humanidad».

Desde otra visión, el cristianismo más contemporáneo hace referencia a un humanismo pleno. Se trata de un humanismo pleno porque, paradójicamente, es también teocéntrico. Al encontrar el humanismo cristiano el último fundamento de la dignidad del hombre en Dios, se constituye en un humanismo filial, no huérfano, si se quiere, dependiente, pero con una dependencia que libera y enaltece.

En cambio, en nuestra sociedad actual, denominada a partir de la Revolución Industrial sociedad de masas, el humanismo, que en toda la historia precedente supo poner en primer plano la plenitud de lo humano, es una imagen que día a día se desdibuja más aceleradamente.

Como es sabido, la sociedad de masas se caracteriza por haber adquirido enormes proporciones numéricas, a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Esta sociedad de masas, a partir de las innovaciones tecnológicas más contemporáneas, produce un consumismo inmanente cada vez más distante de los valores humanísticos que se desarrollaron desde Grecia hasta mediados del siglo pasado.

En esta sociedad de masas, el hombre pierde paulatinamente las especificidades y características que le eran intrínsecas a su propia naturaleza. De allí que la distinción de lo humano, esto es, ser individual y social, característico de la Edad Moderna, sufre un desplazamiento en favor a una nueva categoría de hombre aparecido, esto es, el llamado«hombre masa», propio de la sociedad postindustrial. Este hombre masa, no es sólo el producto de las grandes concentraciones humanas en mega ciudades o la consecuencia exclusiva del avance desmesurado de la ciencia y tecnología. Más que eso, corresponde al efecto del desarrollo de una paulatina desacralización del mundo que se ha venido gestando desde los comienzos civilizatorios. Por tanto, el hombre masa no es producto exclusivo de contingencias, sino del propio desarrollo cultural del hombre que ha llegado hoy a sus límites más extremos.

El desarrollo cultural del hombre ha sido, históricamente hablando, un proceso de continua desacralización del mundo. El mundo mágico de antaño pierde todo su encanto para dar paso al logos griego. A su vez, la naturaleza cada vez más desacralizada permite el desarrollo incesante de la ciencia y la tecnología. El producto final de este desarrollo tecno-científico, culmina en la actual fase con una completa desacralización del mundo en cuya periferia deambula el hombre masa de la sociedad tecnológica desprovisto de proyecto, perdido su sentido.

Pero además, la masa tampoco es aquella multitud vociferante de las jornadas políticas ni la opinión pública expresada a través de los medios de comunicación; es ante todo, un régimen existencial de la vida humana que impone una domesticación social inserta dentro de un aparato que regula todos los procesos colectivos fundamentalmente, los procesos psico-sociales. Los hombres quedan aprisionados dentro de este aparato produciéndose la despersonalización del individuo.

El hombre masa no sólo ha perdido su sociabilidad, sino que también su propia subjetividad para llegar a convertirse en un dato aislado, un dato inconexo, informe, en fin, engranaje de una gran máquina anónima que lo empuja y lo mueve hacia motivaciones y destinos que escapan a la decisión de su propio yo. Un hombre más que, en definitiva, se deshumaniza siendo engañado, explotado manipulado por una cultura de masas que atenta contra su autonomía.

En buenas cuentas, un hombre que ya no parece ser el centro del universo (antropocentrismo), en tanto un determinismo tecnológico ha estado debilitando esa posición. Porque ya todo se crea en función de la utilidad que pueda prestar tal o cual máquina; es decir, que el hombre cada día privilegia más el maquinismo ante que el humanismo, y esto se está tornando muy grave para la humanidad actual.

Desde el surgimiento de la sociedad de masas, ha ido aumentando el temor que la deshumanización del hombre se acreciente a límites insospechados. Porque las noticias nos informan cada día de trabajos abismantes que se están dando en toda clase de laboratorios

Así, no solamente se trata de grandes máquinas (grúas, excavadoras, etc.) que han reemplazado el trabajo físico de los hombres, sino que de robots con figura humana que se encuentran preparados para realizar los trabajos más refinados e inimaginables.

Del mismo modo se han estado creando sofisticadas máquinas que funcionan mucho más rápidamente y con mayor exactitud que el cerebro humano. En buenos términos, cada vez hay una mayor tendencia a reemplazar el pensamiento humano por el de las máquinas, en el sentido de que el cerebro humano ya no se encuentra disponible para pensar ciertas operaciones que le eran propias, porque ese campo ha sido ocupado ahora por computadoras que pueden realizar operaciones más complejas y numerosas que el cerebro humano.

Pero no sólo se trata de máquinas o computadoras, se trata también de que los laboratorios están manipulando el genoma humano, es decir, revivir aquella vieja leyenda del Golem en búsqueda del hombre perfecto, pero ya no como un acto de creación de la naturaleza, sino una creación artificial del hombre, ahora en probetas. Incluso, ya la ciencia nos ha estado asombrando con los métodos y procesos de la clonación, que aunque sus resultados positivos se han experimentado sólo en animales, quedará siempre latente el peligro que los mismos se experimenten también en los seres humanos.

De este modo, en la sociedad de masas las relaciones entre los individuos son entendidas de acuerdo con categorías técnicas y reducidas a algo meramente funcional que impiden una auténtica comunidad. Porque se debe entender que el desarrollo de las nuevas tecnologías apuntan hacia una mayor individualización y aislamiento, tanto en el mundo del trabajo como en el de la enseñanza y hasta en el mismo ocio.

En este cuadro, que tan poco tiene que ver con lo humano, si cada vez más la sociedad de masas se está llenando de hombres técnicos antes que humanos, cabe preguntarse... ¿Qué sentido tendrá la Declaración de los derechos humanos en un futuro poblado por seres que han perdido o, a lo menos, debilitado su condición específicamente humana?

Porque, si bien la ciencia y la técnica nos proporcionan adelantos fabulosos, que van desde alunizar en la luna y adentramos en el cosmos, hasta penetrar el mundo infinitesimal de la materia con el auxilio de sofisticados microscopios y nos aligera la carga de nuestros trabajos y quehaceres hasta en el mundo de lo más doméstico, la mayor dependencia del hombre respecto de la ciencia y la tecnología nos pone, a la vez, como extraña paradoja, ante un futuro plagado de incertidumbres para los propósitos mismos de la humanidad del hombre y, con ello, lo que le es consustancial e intrínseco a la esencia de su propia naturaleza.

jueves, 10 de marzo de 2011

Siglo 21: Dinero, Fraude y Verdad

Por Nora Fernández
“Habia un tiempo en que la pluma era mas fuerte que la espada, eran tiempos en que la gente creía en la verdad y miraba la verdad como un poder independiente y no como un poder auxiliar al gobierno, la clase, la raza, la ideología, o al interés personal o financiero.”
Es Paul Craig Roberts, quien así se expresa. A la verdad no se le da la bienvenida, la verdad preocupa y está lejos de nuestro alcance, dice, y en los Estados Unidos se vuelve “anti americana,” “anti semita” o “teoría de conspiración.” Roberts argumenta además que quienes antes tenían como meta descubrir la verdad son ahora muy bien pagados para ocultarla, por lo que no puede sorprendernos que la mayor parte de los norteamericanos estén muy confundidos y que la confusión se extienda al resto del mundo que confía en las agencias norteamericanas de información, parte fundamental de este circulo vicioso.

Bradley Manning
El caso de Bradley Manning ilustra no sólo el empeño con que se oculta la verdad sino también el riesgo que corren quienes intentan descubrirla y hacerla pública cuando viven en un país que no la honra. Acusado de entregar documentos a WikiLeaks, aún sin pruebas, Manning está privado de libertad y pasa su tiempo en una especie de limbo que amenaza con quebrar su salud física y mental. Está prisionero en Quantico, una prisión militar operada por los cuerpos de Marina en la Base de ese nombre en Virginia. Desde unas noches atrás su situación ha empeorado. Con la excusa de que lo están protegiendo de si mismo, aparentemente de riesgo de suicidio, le obligan a entregar todas sus ropas antes de acostarse y a pasar la noche desnudo en el frío de su celda...Son formas de hacerlo sentirse mal, de avergonzarlo de atreverse (supuestamente) a entregar la verdad sobre lo que hacen algunos soldados norteamericanos en Iraq o de filtrar (supuestamente) documentos relevantes a WiliLeaks. El odio a Julian Assange, a quien aún no le echan mano, se materializa en la venganza que se toman contra el cuerpo y la mente de Bradley Manning.

Su abogado, David Coombs, ha expresado preocupación por su salud, argumenta que no lo tratan como a “cualquier otro detenido” y que aunque no ha sido convicto enfrenta cargos serios que pueden condenarlo a la pena capital, como “colaborar con el enemigo.” David House, el único amigo de Manning autorizado a visitarlo regularmente en Quantico, también expresa preocupación por su salud, ha notado que se ha deteriorado física y sicológicamente en estos seis meses en prisión.

El caso de Bradley Manning es un ejemplo de que decir la verdad en Estados Unidos es problemático y personalmente costoso. Puede que Manning sea responsable de las filtraciones. De serlo ha tomado seguramente su decisión a conciencia (él ha explicado que le preocupaba que el público no estuviera informado de lo que se hacía en su nombre y que la gente debía de saber la verdad). La estructura de comando no habría de escuchar, sospechaba Manning con razón, la información directa a sus conciudadanos era relevante. Vivir en una república democrática hace que los ciudadanos sean quienes al menos en la letra de la Ley controlan el poder militar. Puede que Manning haya sido quien sonó la alarma y filtró documentos, pero su acción fue moral y merece un juicio público. El aislamiento en que lo tienen lo pone en peligro.

Daniel Ellsberg, el periodista que filtró los Papeles del Pentágono, piensa que Manning es un crédito a la evolución humana, un adelantado de los seres humanos por venir. Ellsberg nota, que es posible que sobre Manning caiga todo el peso del poder. Obama ha sido más duro incluso que Bush con quienes se han atrevido a decir la verdad. Durante los años anteriores a Obama hubieron tres cargos de este tipo, pero en los dos años de Obama han habido ya cinco. Esto muestra, dice Ellsberg, una creciente agresividad de parte del presidente contra quienes denuncian abusos de poder. La teoría de Ellsberg es que Obama, ex profesor universitario de leyes, se siente más avergonzado que Bush frente a estos hechos y por esto reacciona mucho más agresivamente contra quienes se atrevan a filtrar la verdad. Por la creciente agresividad norteamericana frente a las denuncias de arbitraridades, dice Ellsberg, es que es particularmente importante apoyar a WikiLeaks, último refugio de quienes se atreven a denunciar arbitrariedades que debemos luchar por mantener.

Cae la verdad frente al dinero
Paul Roberts también ha cuestionado la historia oficial; sus comentarios tampoco son bienevenidos en la prensa dominante. A partir del 2004 en que se atrevió a cuestionar abiertamente el mito de la “Nueva Economía,” Roberts paga un precio como periodista. Economista de profesión, Roberts ha tenido dificultad en aceptar que sus colegas, antes respetables, hayan contribuido a la mentira que ha destruído la economía real norteamericana para beneficio de un puñado de ricos, corporaciones y bancos.
Pero que los economistas mientan, explica, deja de ser gran sorpresa cuando uno descubre que muchos otros mienten también. En los EEUU, los economistas se enriquecen mintiendo pero también se enriquecen mintiendo los médicos -que mienten sobre la efectividad de las medicinas que recomiendan. Miente la prensa en favor de la guerra –por ejemplo en el caso en que transformó al poblado de aldeas de Marja en una ciudad de 80 mil personas bajo el control Taliban para aumentar la euforia en el país. Las Ong, las Naciones Unidas y la industria nuclear han mentido coludiendose en el famoso escándalo del calentamiento global. Donde sea que miramos, dice Roberts, vemos como la verdad cae frente al dinero.

Se ha mentido mucho con respecto a la economía. Al tiempo que se destruyen las bases económicas que le han permitido al país funcionar, las corporaciones norteamericanas globales pagan bonos multimillonarios por rendimiento a sus directores, sabiendo que contribuyen a la destrucción de esas bases económicas fundamentales. Nadie cuestiona, por ejemplo, que estos crecimientos en rendimientos corporativos se logran reemplazando trabajadores norteamericanos por extranjeros. Mientras Washington le hace la guerra a la famosa “amenaza musulmana,” explica Roberts, Wall Street, las coporaciones norteamericanas y el libre mercado destruyen la economía norteamericana y el futuro de decenas de millones de norteamericanos sin que nadie diga absolutamente nada.

Un sistema de mentiras muy bien pensadas
Lo peor ha sido el fraude. Matt Taibbi, en su libro Griftopia, explica como instrumentos financieros fraudulentos y productos tóxicos han llenado el mundo de basura (particularmente los Estados Unidos, Inglaterra y Europa) exigiendo un rescate multimillonario que los ciudadanos tienen que pagar con “ajustes” estructurales no muy diferentes a los que antes impusieron en el Tercer Mundo. Y aún después de los fraudes multimillonarios la codicia de los más ricos y sus peones políticos no queda satisfecha; se continúa planeando como echarle mano a los fondos públicos de los estados.
Roberts argumenta que en Estados Unidos están en la mira los fondos de pensión y el medicare, pero se trata también de vender y robarse todo lo que quede que sea bien público. Hank Paulson y Ben Bernanke, argumenta Roberts, continúan refiriéndose a la seguridad social y al medicare llamándolos despectivamente “derechos” para presentarlos como problemáticos o cuestionables. Engañan a una población fácil de manipular por su ingenuidad, justifican el robo encubierto de esos fondos. Actúan, dice Roberts, como si no supiesen que efectivamente estos beneficios han sido pagados por los ciudadanos con sus impuestos y a través de toda una vida de trabajo.

En Griftopia (2010) Taibbi responsabiliza a la “grifter class” de estos robos, y en ella incluye a los mayores jugadores de las finanzas y a los políticos que hacen (por un precio) lo que ellos quieren. Especificamente responsibiliza a Allan Greenspan de haber terminado con el Acta Glass Steagall que contenía a los banksters (banqueros gangsters) y de haberla removido justo cuando los fraudes estaban en apogeo. Greenspan hizo imposible que se regularan las derivadas, eliminó incluso a Brooksley Born cabeza de la CFTC- Commodities Futures Trading Commission (Comisión del Comercio del Futuro de las Commodities) que quería regularlas. Luego el Congreso crea y aprueba un Acta (Commodity Futures Modernization Act) para desregularlas totalmente. Más tarde se imprimen 1,7 billones (1.700 000 000 000) de nuevos dólares. En fin, no puede ser casual, que se deregulen las derivativas, se eche a la autoridad que las quiere regular, se termine con toda regulación por ley y se eleve a Greenspan a categoría de héroe y sea portada en el Times.

En estos momentos, dice Taibbi, el país mismo está a la venta a precios modestísimos. Está siendo comprado por los mismos que se enriquecieron con la burbuja del petróleo que creó Goldman Sachs. Gracias a Goldman, Morgan Stanley y otros bancos de inversión que levantaron artificialmente el precio del petróleo, se enriquecieron productores de petróleo que hoy con esas mismas fortunas compran infraestructura en EEUU. Entre los compradores están la Autoridad Inversora de Qatar (Qatar Investment Authority), los Holdings SAMA (SAMA Foreign Holdings), la Autoridad Inversora Abu Dhabi de Emiratos Arabes Unidos (UAE´s Abu Dhabi Investment Authority). Se venden pedazos de carretera de Indiana y de Florida, el puente carretero con peaje llamado Chicago Skyway y hasta un puerto de Virginia. (http://www.rollingstone.com/politics/news/exclusive-excerpt-america-on-sale-from-matt-taibbis-griftopia-20101018).

El fraude, explica Taibbi, enriqueció a Goldman Sachs que involucró a AIG -a Joe Cassano en lo que es la calificación de las hipotecas y a W.J. Neuger en lo que es la provisión de seguros. La calificación fue fraudulenta y los seguros inexistentes. Gente jugando en un casino que ni exige que se cubran las apuestas ni que los jugadores sean dueños de los instrumentos financieros que las aseguran. Goldman, sin embargo, se aseguró muy bien de que el pueblo norteamericano pagara ese robo. O sea, Goldman explotó a AIG (a través del TARP) y además especuló con el petróleo llevando al alza del precio de la gasolina el 2008 y que todos pagamos, lo hizo porque Goldman controla la oficina del Tesoro de los EEUU, y Timothy Geithner y Ben Bernanke son sus hombres allí. Taibbi pregunta ¿Por qué en un país con 2.5 millones de presos por crímenes no violentos, no hay ni un miembro de Wall Street preso por “perder” el 40% de la riqueza del mundo en un fraude criminal?

Los chinos y los pobres tienen la culpa
En medio del debacle y la confusión se buscan culpables convenientes, capaces de mover el alma nacional simplista e ingenua –y lista siempre a culpar a los menos favorecidos y a los extranjeros. La culpa de la crisis norteamericana, dicen, la tiene China. China nos ha quitado los trabajos dicen. Pero incluso esto no quita que esperen aún que la misma China que culpan los venga a salvar –comprándoles sus productos y vendiendole los suyos muy baratos. Algunos argumentan que China ha mantenido artificialmente baja su moneda, pero como explica Paul Roberts esto es imposible: la moneda China fluctúa junto con el dólar norteamericano.
Para otros la culpa de la estafa inmobiliaria la tienen los pobres. Quienes la planearon, la hicieron crecer y se beneficiaron de ella los pobres son los culpables. Los pobres fueron qienes se endeudaron en más de lo que podían pagar por “codiciosos.” Y ahora lo pierden todo y con ellos cae el país en una debacle. La verdad es que perdemos todos los que no controlamos el sistema, los que lo controlan ganaron muchísimo, incluso ganaron con perder. Se jugó a la bolsa y se compró la basura vendida como valores, se engañó a los compradores institucionales de acciones y así se fueron por la borda o a la bolsa, muchos fondos de pensión y valores personales.

Detrás de todo ha estado el mito de la “Nueva Economía” que hizo creer a la población que íbamos camino a mejores y mejores empleos, por lo que aceptó calladamente que desaparecieran sus puestos de trabajo. Sería temporal, pronto vendrían los mejores empleos, empleos que requerirían más calificación, educación e idioma. Pero los famosos trabajos para el Primer Mundo nunca llegaron. Como no llegaron los trabajos de la esperada “recuperación” que seguiría en el Tercer Mundo a los mentados “ajustes estructurales.” Nos dieron a todos la misma “medicina”, a unos antes y a otros despues. Las que ganaron fueron las corporaciones que movieron sus plantas a China para abaratar el precio de su mano de obra pero seguían cobrando los mismos precios de antes por sus productos, un negocio redondo. Hoy sabemos que hemos sido vulgarmente engañados, que todo aquello era una falsedad. Hoy el desempleo está aqui para quedarse, los puestos de trabajo desaparecidos no se vuelven a materializar. Aunque nos dan números falsos como si fuésemos niños, sabemos que son engaños a esta altura. No hay industria, ni producción y hasta la agricultura está manipulada por las grandes corporaciones. Entonces, ¿que empleo? ¿que industrias? ¿que producción?
La gran mentira fue venderle a buena parte de la población del planeta el “sueño de la casa propia,” un sueño que además contaba con que esa “casa propia” iba a irse transformando en un pequeño castillo suburbano. Con las casas, nos pasó algo similar a lo que nos pasó con los autos –fueron desapareciendo los económicos en favor de los lujosos y costosos, nos acostumbraron a pensar que era “normal” pagar 30 o 40 mil dólares por un vehículo aunque en el proceso nos demoráramos diez años. Con las viviendas fue algo similar, crecieron en tamaño y en lujo, aumentando marcadamente de precio, un precio que era aparte inflado.

Canadá no fue excepción, en los años 80 una casa de 1200 pies cuadrados era considerada más que suficiente para una familia con dos niños. Pero esto cambió en los años 90, para entonces la “casa deseable” era una de por lo menos 2000 pies cuadrados de porte y nadie quería ya una que no tuviese garaje o techos altos en la sala, y por lo menos dos baños. Y mucho mejor si era nuevecita a estrenar porque quien quería una “casa usada” –vaya el asco de pensar que alguien haya ocupado mi castillo.
Esta transformación de perspectiva en lo que es o no una casa deseable no fue ni casual ni espontánea, fue muy bien planeada para expandir el mercado y las ganacias. Fue además muy bien publicitado todo y no sólo desde la prensa, también desde la televisión. Esa cajita mágica que tenemos nos dice como vivir, como aparecer frente a los demás, como y lo que comer, como movernos y hasta que tipo de papel higiénico preferir. Naturalmente directa e indirectamente nos ha venido diciendo en que tipo de casa debemos aspirar a vivir. Desaparecieron las familias trabajadoras de la televisión, y hasta Roxanne tuvo que ganarse la lotería en su show para continuar teniendo popularidad. Los modelos de familias eran profesionales, aunque últimamente, y más acorde con la realidad norteamericana, poco importaba si los habitantes de la casa tenían o no profesión y aunque trabajaran en un servicio que sospechamos mal pagado, la casa en la que vivían era de lujo. Todo gracias a la magia de Hollywood y al crédito. Nos vendieron bien el modelo de que hay que endeudarse para vivir, endeudarse en grande y hacerlo de continuo.

Casa, auto, vacaciones, han sido una obligación en el Primer Mundo. Se ha creado una población muy sibarita, de gustos refinados pero con sueldos muy miserables. Por supuesto que no niego la responsabilidad personal que tenemos, somos personas adultas eligiendo como vivir, más bien argumento que se ha modelado la irresponsabilidad financiera general de la población, que se la ha invitado a vivir muy por encima de sus posibilidades y a pensar en términos de “flujo de dinero contaste” como si todos fuéramos agentes de la bolsa, en lugar de gente que vive de su trabajo y de un sueldo muy regular, gente que es últimamente responsable de pagar por todas y cada una de sus deudas.

Así llegamos a hoy, y al fuerte endeudamiento personal y colectivo, y al creciente desempleo y a nuestras muy limitadas miras de mejoras. No puede sorprendernos que algunos jóvenes se nos emborrachen en las calles y otros caigan en otras drogas porque el panorama se presenta turbio. Hemos vivido en sociedades que además basan sus satisfacciones por décadas ya esencialmente en consumir. ¿Que hacer si no pueden consumir porque ya no queda con qué? La primera opción, confundirse mucho y no saber que hacer. Otra opción, escapar a como de lugar. La final, enfrentar la realidad. El sueño prometido está siendo negado, es un sueño imposible pero eso es un tema en si mismo.

Hay negación a aterrizar pero es la realidad diaria que nos aterriza. Estamos frente a una gran transformación en nuestra forma de vivir. No sólo la crisis, es la cercanía al final del petromundo. Las mentiras de los más ricos y sus medios oscurecen el camino. Esta transformación que enfrentamos podría haber sido buscada conscientemente y ser positiva, un mundo diferente, sustentable, posible. Pero ha sido más bien una transformación inevitable, y sentimos que no tenemos mayor control. El mundo deseado, el del consumo sin fin, se nos va de entre los dedos como arena de playa. Nos urge hacernos de algunos instrumentos críticos para entender la encrucijada en la que estamos. Se está materializando lo que parecía un imposible: el Primer Mundo se nos transforma en Tercer Mundo al andar, debajito mismo de nuestros pies.

Bienvenidos al siglo 21 que si suena como el 19 no es por casualidad. Aunque cueste tenemos que aceptarlo antes de poder transformarlo. La vida puja, se acepta o te pasa por encima. Habrá llegado la hora de la verdad y de luchar para transformar lo posible para vivir humanizadamente. Con valor y humor, o como dice irónicamente el lema nada menos que de la CIA: la verdad habrá de hacernos libres...Por un mundo mejor posible para todos y todas...

lunes, 7 de marzo de 2011

Túnez - Los relojes rotos de la Casbah

Delegación de Izquierda Anticapitalista desde Túnez
Viento Sur
http://www.vientosur.info/


Nuestra llegada a Túnez coincide con una aparente nueva etapa en el proceso revolucionario abierto hace ya más de dos meses. El presidente Mebazaa acaba de anunciar la convocatoria de elecciones para una Asamblea Constituyente el 24 de julio, además de aceptar gran parte de las reivindicaciones del movimiento popular. El mismo movimiento que hace menos de una semana hizo caer al primer ministro Mohammed Ghannouchi, al precio de siete nuevos muertos y centenares de heridos y represaliados, demostrando una vez más que las victorias no se regalan, sino que las conquista el pueblo. El mismo que ocupando la Casbah durante los últimos once días ha hecho de esta plaza un símbolo de la revolución popular en marcha. Un espacio autogestionado y asambleario que reunía a cientos de personas llegadas de las zonas más castigadas del país, muchas de ellas vinculadas a partidos de la izquierda y movimientos sociales. Centro neurálgico de las grandes movilizaciones que han recorrido la capital tunecina, que contaba con su propio centro de información, puesto médico y logístico que proveía de comida, seguridad y mantas a sus ocupantes.

Junto a Santiago Alba Rico y Lucía recorremos la Casbah el día en que se disolvió la ocupación por decisión de sus propios miembros. Una retirada provisional, motivada por una victoria pero vigilante ante los próximos pasos del gobierno y dispuesta a retomar la ocupación si éstos no se corresponden con las reivindicaciones del pueblo en lucha.

Aunque en pleno proceso de desmantelamiento, un paseo por la Casbah demuestra la fuerza y la ilusión que los procesos de cambio generan en la gente, como si les devolvieran a la vida hasta entonces negada. Decenas de personas, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, forman corros y discuten acaloradamente, todos hablan de política, de la revolución, de las últimas noticias, se fotografían con las pintadas que decoran los muros o con el grupo de soldados que aún permanecen en la plaza, te interpelan para compartir sus exigencias, sus experiencias o simplemente para charlar. Repitiendo a cada momento la palabra karama: dignidad, una dignidad arrebatada durante tanto tiempo y que ahora, una vez recuperada, es uno de los tesoros más preciados de la revolución (zaura). Recuperarando tantos años de silencio, en una especie de revuelta contra el “tiempo”: el tiempo de Ben Ali murió y llegó al fin el del pueblo, que se condensa y cobra un ritmo propio, sin rutinas, que los relojes no pueden medir.
Resulta curiosa la iconografía revolucionaria que adorna las paredes de la Casbah, bautizada como Plaza de la Revolución: el retrato del Che resurge en múltiples murales, así como numerosos eslóganes reminiscencia del 68 (“seamos realistas: pidamos lo imposible”). Consignas que se tornan en una realidad que se palpa, se huele, se escucha en la calle. Un estado de ánimo, un horizonte por el que merece la pena luchar.

Según nos comenta Santi, una de las primeras consecuencias, efímera en este caso, de la revolución fue una especie de efecto mágico sobre la conducción. Imbuidos por los efectos emocionales y el sentido de responsabilidad histórica de la revolución en marcha, por primera vez se respetaron las normas de circulación y quedó de facto anulado el 'antiguo régimen' de caótico tráfico capitalino. Una victoria que ningún policía de la dictadura había conseguido.

Del centro de la ciudad partimos a unos de los barrios más castigados de la periferia, El Mourouj, para reunirnos con un joven que ha participado activamente en el proceso revolucionario, tanto desde el campamento de la Casbah como desde la autoorganización de los consejos de defensa de la revolución en su propio barrio. Mahmid es un ejemplo de los miles de jóvenes parados que se rebelaron contra la dictadura de Ben Ali y lideraron la autogestión de sus barrios, tomando en apenas dos meses una conciencia que desborda a la de muchos revolucionarios.

En la última planta aún sin terminar de su casa, con música rap de fondo y la bandera de uno de los equipos locales de fútbol, Mahmid nos cuenta cómo las y los vecinos asumieron las tareas de autogobierno frente a elementos contrarrevolucionarios puestos en juego por el ya casi derrotado régimen de Ben Ali. Como él mismo afirma, esta revolución no sólo se ha hecho para derrocar al dictador, sino para “cambiar las cosas de verdad. No queremos una democracia como la vuestra. Si estábamos contra Ghannouchi no es sólo porque formase parte del antiguo régimen, sino también porque continuaba con las políticas de privatizaciones de Ben Ali”. Más determinante aún, no duda en defender que “esta revolución es contra el capitalismo”.

Lo más interesante de nuestra conversación con Mahdi, más allá de compartir sus propias experiencias durante este proceso, es comprobar cómo en los momentos revolucionarios, cuando las masas irrumpen en la escena pública para hacer política, los cálculos y los tiempos se rompen, el pragmatismo se ve desbordado y lo que hasta hace unos meses era imposible, ahora no sólo es posible, sino que se vuelve realidad.

5/3/2011

Paseando por el libro abierto de la revolución tunecina

Varios mitos han girado en torno a las revoluciones en el mundo árabe, o al menos en el relato que de ellas se ha hecho desde los medios de información occidentales. Uno de ellos es el protagonismo de las clases medias urbanas conectadas a las redes sociales a través de sus teléfonos inteligentes. Un buen ejemplo es la portada de la revista Jeune Afrique que, con una joven de clase media ataviada con una bandera tunecina, adorna machaconamente los paneles publicitarios del centro de la ciudad. Otro mito bastante reproducido es el supuesto espontaneísmo de la revuelta, sin organización previa y coordinada a través de facebook, la única red social permitida por el régimen de Ben Ali por las posibilidades de control sobre la ciudadanía que le ofrecía, especialmente sobre la juventud.

En nuestro intento por conocer los verdaderos escenarios y protagonistas de la revolución tunecina, nos dirigimos a Ben Arous, población industrial situada en la periferia de la ciudad de Túnez, zona obrera por antonomasia y fiel reflejo del 'milagro' económico neoliberal receptor de las inversiones directas extranjeras dirigidas a los sectores de la electricidad, el textil o el automóvil. Allí tiene un peso especial la Unión General de Trabajadores de Túnez (UGTT), única organización sindical legal durante los 23 años del régimen de Ben Ali y principal organización social tunecina. Y en esta condición de espacio de organización política 'en exclusiva', integraba desde direcciones colaboracionistas con la dictadura a bases locales y regionales opositoras. Dualidad que a comienzos de 2011 se tornó a favor de la segunda tras un largo proceso de profundización y radicalización de las demandas obreras iniciado durante la revuelta minera de Sidi Bouzid en 2008, decisivo para las numerosas manifestaciones de los últimos meses o la Huelga General del 14 de enero que provocaron la salida de Ben Ali.

Esta mañana la sede local de la UGTT en Ben Arous hay una efervescencia ciudadana: una reunión de mujeres en el patio central convive con la vertiginosa actividad de los pasillos. Mohammed Mosalmi, dirigente sindical de la agrupación local nos cuenta el papel de la UGTT en las revueltas, aunando y politizando las distintas reivindicaciones sectoriales que durante los tres últimos años habían acumulado más de 1.570 conflictos laborales, además de las 70 huelgas convocadas en los dos meses que han seguido al 14 de enero o las numerosas ocupaciones de empresas, algunas de ellas filiales de transnacionales. 12.000 nuevos afiliados al sindicato en menos de seis semanas son sólo un reflejo del aumento de la conciencia de clase y de la necesidad de organizarse que ha acompañado a la ebullición revolucionaria, especialmente en zonas industriales como Ben Arous.

Al salir de la sede de la UGTT un grupo de mujeres de una empresa de electrodomésticos nos interpela para que nos traslademos a su centro de trabajo. La mayoría de sus 70 trabajadoras llevan cuatro días en huelga concentradas frente a la fábrica en la que trabajan 48 horas semanales por menos de 100 euros al mes en condiciones de absoluta precariedad. El patrón, escudándose en la crisis económica internacional y en la revolución, hace semanas que se niega incluso a pagarles esa cantidad irrisoria. Conocemos así de primera mano la conflictividad laboral y toma de conciencia que está acompañando al proceso revolucionario a través de sus anónimas protagonistas que, de forma apasionada, nos rodean y muestran sus quejas, sus nóminas, sus heridas laborales, sus reivindicaciones y sus esperanzas de que las reformas políticas tengan también una traducción real en su vida material cotidiana.

El grito mas coreado es 'dignidad'; y la imagen mas repetida, la 'v' de victoria. Ambos resumen todo un programa revolucionario: basta ya de humillaciones salariales y laborales, basta ya de ser invisibles, de no tener palabra. Si tuviéramos que dibujar esta revolución, sin duda una de las imágenes principales sería la sonrisa de estas mujeres en lucha. Una sonrisa contagiosa, de esperanza y dignidad.

De vuelta al centro urbano de Túnez, recorremos la Avenida Bourguiba, vía principal de la ciudad y escenario de las principales manifestaciones y del terror desencadenado por los mercenarios de Ben Ali, elementos contrarrevolucionarios salidos de los numerosos cuerpos de la policía. El 14 de enero, con Ben Ali huyendo del país en avión, la policía encerraba en esta avenida a miles de manifestantes quienes, gaseados desde las calles adyacentes y tiroteados por francotiradores empotrados en las azoteas, se refugiaron en los portales y apartamentos de los numerosos edificios que pueblan esta calle, sufriendo muchos de ellos durante la noche una represión a la chilena que les llevó a la tortura y la muerte. Hace una semana, siete personas morían en esta avenida a manos de las milicias en la víspera de la caída del ex primer ministro Ghannouchi. Hoy, los edificios oficiales, incluido el tétrico Ministerio del Interior en el que todavía se torturan las esperanzas del pueblo tunecino, siguen protegidos por alambradas y por los tanques del Ejército que se mantuvo neutral sobre el papel pero intervino para defender al pueblo de las milicias paramilitares.

La Avenida Bourgiba es como los espejos del Callejón del Gato de Max Estrella, en los que se reflejan deformadas las oportunidades, retos y peligros del proceso revolucionario, en el que la policía recorre las calles cubiertas por pintadas, cruzándose con el mismo pueblo victorioso y reprimido, luchador y torturado. Una tensa calma que se siente a cada paso, como si se esperara una nueva tormenta. Bulliciosas terrazas de cafeterías, venta ambulante hasta ahora prohibida, alambre de espino, siniestros policías de paisano y blindados militares son algunos de los elementos que componen el cuadro inacabado de este periodo histórico completamente abierto.

Con las primeras reformas democráticas ha llegado también la legalización de partidos políticos, de nueva creación o con una dilatada trayectoria de trabajo, ya fuese en la clandestinidad o encubierto dentro de las organizaciones del antiguo régimen. Uno de ellos es el Partido del Trabajo Patriótico y Democrático, miembro del Frente 14 de enero. En su recién estrenada sede situada a pocos metros de la Avenida Bourguiba nos recibe Mohamed Jmour, uno de sus dirigentes. Nos expone su apuesta por concurrir a la convocatoria de elecciones a la Asamblea Constituyente del 24 de julio con una plataforma unitaria amplia que reúna a distintas organizaciones de izquierda y nacionalistas progresistas, que según él podría alcanzar un 30% de los votos y afianzar así muchas de las conquistas alcanzadas hasta ahora.

Sin duda, la revolución tunecina ha contado y cuenta con una espontaneidad que desborda el cálculo y previsiones de cualquier organización revolucionaria; con una amplitud social que incorporó y sigue incorporando también a las clases medias capitalinas; y con redes sociales como facebook convertidas en instrumentos de coordinación de las revueltas. Ahora bien, poner todos los focos y atención exclusivamente en estos elementos es negar la multitud de historias de lucha y resistencia que se han sucedido durante los últimos años, el papel que han jugado organizaciones clandestinas y encubiertas, sus victorias parciales e importancia fundamental en el proceso revolucionario; es sacar de la fotografía a los jóvenes de las barriadas autogestionadas, a las obreras en huelga de Ben Arous, a los sindicalistas que desde sus pequeñas sedes locales coordinaban huelgas sectoriales y apoyaban ocupaciones de fábricas.

No sin razón, alguien escribió sobre una pared de la Avenida Bourguiba: 'Thank you Facebook'. Sería injusto que esta revolución siguiera en marcha sin que nadie reconociese y agradeciese también al resto de sus protagonistas. Aunque es muy probable que muchos de ellos no busquen encontrar su nombre pintado en ninguna pared ni su cara fotografiada en la portada de ninguna revista, sino simplemente ver que su digna y valiente lucha les permite finalmente recuperar las riendas de su futuro. Y el futuro en Túnez es un libro abierto que miles de manos están escribiendo hoy.

6/3/2011